El discurso de Noboa en la ONU tocó puntos sensibles de este conglomerado que reemplazó a la Sociedad de Naciones (1919) luego de la Conferencia de Yalta la cual, a inicios de 1945, reunió a los “aliados” de la II Guerra Mundial. El pensamiento arcaico y los excesivos procesos burocráticos han motivado su pasividad: “la ONU existe, pero no actúa”.
Una exposición muy bien enfocada de 7 minutos del presidente ecuatoriano planteó la necesidad de que los países se unan en la lucha contra el crimen organizado transnacional cuyo territorio hoy es el mundo; además, de la penetración en las fibras íntimas de las instituciones de la sociedad en todas sus manifestaciones; y, el atentado permanente con el fin de sustituir a las autoridades legítimas de los Estados a los cuales afectan. Sabido es que estos grupos irregulares están muy bien organizados, y tienen ingentes fondos para desarrollar sus actividades procaces, por lo cual debería rastrearse y congelarse los flujos financieros carentes de licitud, tal como acentúo Noboa en su discurso.
El panorama financiero de la ONU, en cambio, es desolador. Según el experto Luis Villacrés Smith, muchos miembros no pagan sus cuotas a tiempo. El estado de cuentas por cobrar al 30 de abril de 2026, “muestra contribuciones pendientes de aproximadamente $ 2.800 millones para el presupuesto y $ 3.500 millones para operaciones de paz”. Así, es imposible que la ONU tenga capacidad de apoyo a los Estados solicitantes de cooperación en la lucha contra las mafias globalizadas. Ecuador pidió fomentar la alianza para intercambiar información oportuna entre quienes tienen la responsabilidad del ejercicio de la acción penal (fiscalías), y el funcionamiento práctico de la INTERPOL (Organización Internacional de Policía Criminal) integrada por 196 países, siendo fundamental anticiparse a las operaciones de las organizaciones delincuenciales.
La práctica ha demostrado que territorios en los cuales bajo el concepto del asilo se refunden malhechores de la peor calaña, han sido poco colaborativos para detener el avance de los delitos públicos, siendo cómplices directos aupados bajo la muletilla de ser gobiernos “progresistas”. Está demostrado que el crimen organizado transnacional, está a buen recaudo en estos lugares.
La ONU debe priorizar su gestión en prevenir conflictos, evitar el rompimiento de relaciones entre gobiernos, el decantamiento de acuerdos comerciales, o simplemente, el alejamiento de la conversación pacífica, que ha desatado, por ejemplo, la guerra entre Rusia y Ucrania.
Sin fecha oficial anunciada, en lo que resta de 2026 deberá ser elegida la secretaria general de la ONU, distinción para la cual están como candidatas hasta hoy, Rebeca Grynspan (Costa Rica), María Fernanda Espinosa e Ivonne Baki (Ecuador), y Michelle Bachelet (Chile).
La tarea fundamental será darle a la ONU la respuesta ágil ante los requerimientos de las naciones, modernizar su acción a los tiempos actuales; y, consolidar un liderazgo sólido para evitar que las necesidades de sus miembros duerman el sueño eterno. (O)





