Solapar a la violencia

Cada vez sale a la luz más casos de violaciones grupales, ahora es Cornell: 7 jóvenes que violaron a una joven por horas en una fraternidad, y el sistema judicial no hizo nada. Pero ¿qué significa para algunos hombres participar, compartir o celebrar una violación? ¿Qué reconocimiento buscan entre sus pares?

Segato propone leer estas prácticas desde el mandato de masculinidad: la exigencia de demostrar poder y pertenencia ante otros hombres. Esto no significa que todos los hombres violen ni que la violencia sea inevitable. Su aporte permite comprender que el deseo sexual, por sí solo, no explica la coerción, la humillación ni la participación colectiva. La violencia sexual también es una práctica de poder y un aprendizaje social; por eso puede y debe ser resistida y transformada.

Cuando la conversación gira en torno a la víctima ¿qué vestía, dónde estaba, cuánto había tomado?, deja en segundo plano las decisiones de quienes agredieron, se invierte la responsabilidad. Así se restringe la libertad de las mujeres y se protege la complicidad, el silencio y la impunidad de los agresores.

Cuestionar la cultura que normaliza, justifica y aplaude las agresiones grupales debe ser una práctica colectiva, pero sobre todo entre hombres, ustedes tienen el poder de parar esta atrocidad. Hablemos más del tema, cambiemos el lado de la vergüenza. (O)

mi.cordero@sendas.org.ec

Lcda. María Isabel Cordero

Lcda. María Isabel Cordero