“Cuando el río suena, piedras trae”. Es el refrán para expresar que, cuando un comentario se repite insistentemente en las calles, tertulias y espacios públicos, quizá detrás del rumor exista algo que merece ser investigado. Eso ocurre actualmente con un tema delicado: el posible lavado de dinero y su eventual relación con el acelerado crecimiento de la construcción, el parque automotriz, las farmacéuticas y otros negocios en Cuenca.
Se comenta que estaría circulando dinero cuyo origen no fácil de explicar y que algunas actividades ya no dependerían necesariamente del crédito bancario. No se trata de afirmar que exista lavado de dinero detrás de la construcción, sería irresponsable hacerlo sin pruebas; pero, es legítimo formular una pregunta: ¿de dónde provienen los grandes capitales que están impulsando esta expansión inmobiliaria?
Basta recorrer la ciudad para advertir el extraordinario movimiento de la construcción privada. Edificios multifamiliares y establecimientos comerciales aparecen en distintos sectores. Hace poco, un personaje de la política, serio y conocedor de estos asuntos, nos comentaba que últimamente habían ingresado de 184 trámites para ejecutar edificios de propiedad horizontal, de los cuales ya han sido aprobados 146.
Además, hay una pregunta ineludible: ¿está Cuenca preparada para recibir este crecimiento? Un edificio no termina cuando se coloca la última ventana. Allí comienza su verdadera relación con la ciudad: automóviles, peatones, estacionamientos, transporte público, servicios básicos y presión sobre calles muchas veces diseñadas para una ciudad diferente.
Es preocupante cuando se autorizan grandes edificios en corredores que ya soportan intensa circulación vehicular, como la avenida que conecta el sur con el norte del país y que además sirve de acceso a sectores residenciales, instituciones educativas y lugares turísticos como Turi. Por eso, el intercambiador de Monay es de las pocas obras del Gobierno, muy bien visto.
En la calle Cañar, entre la avenida R. Crespo y Morona, de apenas unos seis metros de ancho se levantan edificios de hasta 7 pisos: tres terminados y otros dos en construcción. A ellos se suman grandes edificios existentes en los alrededores. ¿Qué ocurrirá cuando todos estén terminados y habitados? ¿Tiene esa callejuela capacidad para soportar el tránsito que generarán sus nuevos habitantes? Cuenca necesita inversión, vivienda y empleo, pero desarrollo no significa construir sino qué ciudad se deja para mañana.
Una metrópoli responsable no solo debe preguntarse cuánto está creciendo, sino cómo crece, con qué recursos, sobre qué infraestructura y hacia dónde la estamos llevando.¡Cuando el río suena, no siempre significa que haya delito, pero sí que vale la pena mirar de dónde viene el agua! (0)










