Entretelones de una visita sorpresa

No deja de ser llamativo que ningún sector político u otra organización, ni siquiera se haya inmutado porque el presidente de la República, Daniel Noboa, no vino a Cuenca para participar en la sesión solemne del Concejo Cantonal y otros actos organizados con motivo de la conmemoración de los 206 años de independencia.
Su ausencia fue anticipada semanas atrás por la alcaldesa subrogante, Marisol Peñaloza, quien, como es la costumbre cuencana, lo invitó.
Digamos que hasta allí no habría nada que censurar.
Empero, su delegada a la sesión solemne, la ministra de Gobierno, Nataly Morillo, justificó la inasistencia del presidente alegando que estaba “atendiendo en territorio” las emergencias causadas por el fenómeno de El Niño.
Siendo así, más que comprensible la decisión del primer mandatario, aunque no parece que fue tal.
Pero nadie explica, aunque los cuencanos, al margen de apegos o desapegos políticos, sí debieron sopesar que Noboa asomara, sorpresivamente, el 4 de noviembre en Cuenca.
Se informó que fue a Sayausí para verificar los trabajos de rehabilitación y mantenimiento en la vía Cuenca-Molleturo-El Empalme, que, paradójicamente, kilómetros más arriba sufría los embates del invierno.
Luego fue al Mall del Alto donde departió con los candidatos de ADN a la alcaldía y prefectura. Al día siguiente participó en la inauguración de un centro gerontológico en Girón, cuyo alcalde busca la reelección por ADN; El Tribunal Contencioso Electoral admitió una denuncia en su contra por presunta infracción electoral, cuyo desenlace nadie conoce.
Como lo pensarían muchos, no es que las actividades realizadas por el presidente no fueron interesantes; pero anteponerlas a su deber cívico que tenía para con Cuenca es injustificable.
Digamos que no fue un desplante para la ciudad, para sus autoridades que lo invitaron, pero sí es insólito semejante comportamiento. Cuenca no se merecía.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO