A lo largo de 20 años, el festival Escenarios del Mundo se ha consolidado como un espacio de encuentro para las artes escénicas en Cuenca, acercando el teatro, la danza y el circo a públicos de distintas edades y comunidades. Para Juan Andrade Polo, director del festival, mantener este proyecto cultural independiente ha significado superar crisis económicas, la pandemia, apagones y dificultades de financiamiento, sin renunciar a su compromiso con el acceso a la cultura.
Tras cerrar su vigésima edición, Andrade reflexiona en una entrevista con El Mercurio, sobre la evolución del festival, la democratización de las artes escénicas, el papel del teatro ecuatoriano y los desafíos de sostener una programación artística que conecte a Cuenca con propuestas nacionales e internacionales.
Escenarios del Mundo: ¿qué ha cambiado en 20 años de festival?
El festival Escenarios del Mundo acaba de cerrar su vigésima edición. ¿Qué cambió realmente en estos 20 años?
Lo importante es haber sostenido un proceso en medio de crisis, pandemia, apagones e incluso el 30S (rebelión policial de 2010). Hace 20 años era impensable plantearle a una institución educativa que sus estudiantes fueran a una obra de teatro; ahora estamos en sus agendas. El festival se ha hecho parte de la ciudad y se ha vuelto una necesidad. Que las artes escénicas sean una fuente de riqueza espiritual y cultural es algo que valoro mucho.
Los desafíos de mantener vivo un festival cultural
¿Hubo algún momento en que pensó que el festival no podía continuar?
En los primeros años, después de cada edición, decía: “Esta es la última vez”. Había limitaciones, trámites y un esfuerzo enorme. Lo decía por cansancio y frustración. Después entendí que nuestra misión era mantener la cultura, parte de la calidad de vida. El arte es un testigo de la realidad. “El show debe continuar” no es una frase vacía: es la convicción de que el arte debe dar su testimonio y permitir que la gente se exprese desde el juego y la belleza.
¿Cómo se financia el festival Escenarios del Mundo?
La vigésima edición reunió propuestas de nueve países. ¿Cómo se sostiene económicamente?
Depende de la gestión y de alianzas. Durante varios años hemos ganado el concurso del IFAIC, con 25 mil dólares, cerca del 18 % del costo real. Este año tuvimos alianzas con instituciones de Australia, fundamentales porque los pasajes internacionales serían imposibles de cubrir con taquilla. También recibimos apoyo de Perú, España, el programa PICE y la Prefectura de Azuay.
El festival tiene cuatro ejes: público general, programación estudiantil, aire libre y parroquias rurales. También es importante el apoyo de empresas y establecimientos cuencanos. Que la empresa cuencana ayude a su festival es significativo. Algunos años hemos tenido pequeños apoyos del Municipio; este año no se dio.
Teatro y artes escénicas en las parroquias rurales de Azuay
El festival llegó a Guachapala, El Pan, Nabón y El Valle. ¿Qué descubrió de esos públicos?
Las funciones rurales tienen un ingrediente especial. Muchas veces son personas que jamás han visto un espectáculo escénico. Hay un brillo especial en los ojos porque es una puerta de ingreso a una manifestación a la que mucha gente no tiene acceso. Este año nos vinculamos con escuelas deportivas y llegamos a sus familias.
¿Cómo democratizar el acceso a la cultura en Ecuador?
¿Llevar funciones fuera de Cuenca significa realmente democratizar la cultura?
De acuerdo con nuestras capacidades, democratizamos un poco. Somos un festival ciudadano, independiente y autogestionado; ponemos un granito de arena. Para una verdadera democratización hacen falta políticas públicas municipales y del Ministerio de Cultura, también para lectura y acceso cultural de sectores menos favorecidos. Eso rebasa nuestra capacidad.
Teatro ecuatoriano frente a las compañías internacionales
¿Existe una desventaja para los artistas locales frente a las compañías extranjeras?
Tenemos políticas para evitarlo. Cobramos el mismo precio de entrada para espectáculos nacionales e internacionales, aunque los internacionales sean mucho más costosos. Lo vemos como un diálogo entre lo local, lo nacional y lo internacional. Las obras ecuatorianas seleccionadas han salido muy bien libradas. En Cuenca hay dos universidades que forman profesionales y los grupos ecuatorianos muestran un nivel que no desentona con la programación internacional.
¿Qué busca transmitir Escenarios del Mundo a sus espectadores?
¿Qué busca provocar en el espectador?
Nuestra curaduría es panorámica y busca pluralidad de lenguajes: danza, teatro, circo, teatro gestual y de texto; propuestas filosófico-políticas, recreativas y otras que recuperan tradiciones y conocimientos ancestrales. El arte también debe tener el ingrediente del placer y una mirada gozosa de la vida. Buscamos reflexión, otros puntos de vista y disfrute con contenidos significativos.
El placer no es banal; es una necesidad humana. El ser humano necesita un espacio para soñarse, visualizar futuros y entender mejor su experiencia vital.
20 años formando públicos para las artes escénicas

Juan Andrade Polo considera que el arte es un testigo de la realidad y debe dar su testimonio y permitir que la gente se exprese desde el juego y la belleza. Fuente: El Mercurio
Después de 20 años, ¿la generación que creció con el festival ya se convirtió en público o creadora?
Creo que eso ha ocurrido en gran medida. Hay personas que nos han dicho que se hicieron actores, gestores culturales o estudiaron arte a partir de una experiencia con el festival. Quien desde niño accede a las artes escénicas puede convertirse después en público.
También es importante crear un mercado para los grupos profesionales de Cuenca y generar sustentabilidad para los artistas. Creemos que hemos jugado un papel, pero esto requiere persistencia. Una cultura escénica se construye con el tiempo. Veinte años son una persistencia, pero una tradición puede tomar mucho más. Nos toca seguir sembrando y mantener esa llama viva.
¿Quién debe financiar el arte y el teatro profesional?
¿Quién debería asumir el costo de producir arte profesional?
Hay que buscar un equilibrio. Las funciones al aire libre y en parroquias son gratuitas. También llegamos a colegios fiscales que no pueden pagar. Pero es importante que, en otros casos, el público pague una entrada. Incluso las entradas pagadas están subsidiadas, porque algunos espectáculos cuestan mucho más de lo que se recauda. Buscamos apoyos para subsidiar colegios nocturnos, fiscales y estudiantes universitarios, mientras otros públicos aportan.
No creo que todo deba ser gratis ni que todo deba ser pagado. Hay que hacer una discriminación positiva. En sectores menos favorecidos, la gratuidad está bien. Pero en otros públicos, especialmente de clase media, es correcto que exista un aporte.
El papel de Cuenca en el desarrollo de las artes escénicas
Después de 20 años, ¿qué deben las artes escénicas a la ciudad y qué le debe la ciudad a las artes?
Es un ecosistema recíproco. El papel de los artistas es mejorar su producto y avanzar hacia el perfeccionamiento. Ya existe profesionalización, pero es una tarea permanente. El artista debe adaptarse a nuevos lenguajes y retos.
La manera de percibir la vida y el arte cambia con la globalización y la tecnología; hay que llegar al público en su propio lenguaje. El público debe entender que acceder a la cultura también es parte de su crecimiento personal.
Más de tres décadas dedicadas al teatro y la gestión cultural
Después de más de tres décadas en las artes escénicas y 20 años con el festival, ¿qué ha sacrificado y qué ha recibido a cambio?
He encontrado en el festival una misión, una forma de estar en la vida, aportando al acceso de la sociedad a la cultura. Ha sido un dar y recibir. No creo en mártires ni héroes, sino en un equilibrio entre lo que se recibe y lo que se da.
Para mí ha sido como cualquier trabajo, en el que uno debe dar lo mejor de sí. La vida también es generosa con esa actitud. He recibido mucho y también creo que se ha hecho un aporte. (I)
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