La casa parece hablar antes que su dueño. En sus paredes cuelgan alfombras de flores, figuras geométricas y colores que han resistido décadas. Otras permanecen dobladas en grandes columnas, esperando viajar hacia nuevos hogares. En el segundo piso, apoyado sobre una antigua baranda de madera, Gerardo Alarcón observa su taller como quien contempla una vida …











