En efecto, ya nos habíamos pronunciado anteriormente, ¡PERO NADA!, y hasta la paciencia se acaba; es que nos interrumpen con tanta frecuencia que invaden nuestra rutina diaria, no entienden que tenemos derecho a vivir tranquilos y que nos respeten nuestra intimidad. No es admisible que nos encontremos en constante sobresalto ante frecuentes llamadas telefónicas, a …











