Por sus frutos se conoce al árbol, y de esto nos enseñó en cada uno de sus pasos un distinguido ciudadano cuencano, que atravesó el umbral de lo etéreo, dejando una huella imborrable del bien actuar, del hombre modesto y servidor humanista, del acertado en su criterio médico, del gestor cultural, del cruzrojista, del Maestro, …











