A los 32 años, Verónica Ramón ya no lograba mantenerse despierta durante actividades cotidianas. Estaba en etapa de lactancia, pero el cansancio era distinto al de la maternidad o las jornadas de trabajo. “Lo insoportable fue la fatiga. Sentarme y quedarme dormida fue un detonante. Yo sentía que algo me pasaba”, recuerda. Desde niña había …











