El juego de lo simbólico

Históricamente, líderes de todo el mundo han usado símbolos para demostrar poder y control sobre las masas: los reyes con coronas y escudos, las iglesias con templos, imágenes y altares, el fascismo con la esvástica y la primera gran estrategia de comunicación política, que sirvió para imponer su dominio. Hoy nada ha cambiado; al contrario, los símbolos adoptan tintes extraños que, por alguna razón, seducen a un público poco crítico y fácil de cautivar.

Esta reflexión surge de la imagen en redes de Milei, Noboa y Trump: el primero empuña una motosierra, el segundo un machete y el tercero (gracias a la IA) un fusil. La fanaticada hace su ola virtual, se inunda de likes, los algoritmos enloquecen y la imagen, que a mí me resulta aterradora, nos llega a todos.

Pero ¿qué hace un presidente ecuatoriano con un machete? Símbolo del pueblo montuvio, del campesinado y de comunidades amazónicas, ha sido apropiado por una figura que poco o nada conoce de esa población, un personaje que encarna al patrón hacendado y que ahora, a punta de machete y poder, recorta el Estado, concentra fuerzas y busca cooptar todos los poderes en su mano. No se dejen engañar, consumidores absolutos de lo inmediato y lo fugaz: lo simbólico sí importa. Es un juego complejo; las más crudas dictaduras se han blanqueado con estrategias de este tipo. (O)

mi.cordero@sendas.org.ec

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