Esta frase proviene de las ciencias objetivas y se refiere a la base material mínima que debe existir para que un fenómeno se mantenga. Ese concepto se extrapola a las ciencias sociales, representando al conjunto de pensamiento o ideas, compartido por un número mínimo de personas, que se necesita para que una teoría o una doctrina pueda ser y sostenerse en el tiempo.
Por ejemplo, se habla de la masa crítica universitaria que se requiere para el cumplimiento cabal de las diferentes funciones que son inherentes a sus objetivos, cuando nos referimos al conjunto de conocimientos compartidos por un número mínimo de académicos y colaboradores institucionales, respecto a una cierta forma de comprender las cosas en cualquiera de los ámbitos del saber científico o social, con los cuales se relacionan los productos académicos que ahí se enseñan, desarrollan o aplican. En sociología, se utiliza el concepto de masa crítica, para expresar que, en un conglomerado de personas, existe un cierto número mínimo de individuos que comparten determinadas opiniones o criterios frente a una situación u otra.
Esa base o masa crítica, permite que la idea compartida tenga presencia social, se consolide e incida en los amplios grupos humanos, porque de no existir fundamentadas ideas o criterios sobre la vida social en general, ese espacio será el de la difusa opinión o no opinión de los grandes grupos de ciudadanos que, al no tener interés en los temas en juego, tácitamente toleran que se imponga esa perspectiva que es la antípoda del concepto de masa crítica propositiva al que me refiero.
He titulado así a esta nota, para referirme concretamente a lo que sucede socialmente en la ciudad de Cuenca y en la provincia del Azuay, respecto a una cierta forma colectiva de ver la vida, el presente y el futuro del escenario social y ambiental en el que vivimos.
Con ocasión de la no consentida explotación minera en el páramo Quimsacocha, se ha puesto en evidencia la opinión ciudadana respecto a la inviabilidad del proyecto que el gobierno central apoya, alienta e impulsa. Hay, acá entre nosotros, una forma de ver y comprender que es común a muchos ciudadanos. Esa visión está conformada, fundamentalmente, por la conciencia colectiva de compartir una historia que, desde siempre, ha estado conectada con el peso vital que hemos reconocido que tiene el agua en nuestro recorrido como pueblo.
La masa crítica respecto al valor del agua y del medio ambiente, en Cuenca, no se reduce a un grupo pequeño de iluminados, activistas o intelectuales, sino que es la generalizada conciencia ciudadana sobre la importancia de la vida. (O)