Frente al crecimiento sostenido del narcotráfico y el crimen organizado en Ecuador y América Latina, es imperativo articular una respuesta internacional coordinada que maximice recursos y capacidades para proteger a las sociedades y fortalecer el Estado de derecho. La cooperación con Estados Unidos como socio estratégico puede ofrecer herramientas técnicas, apoyo financiero y mecanismos de intercambio de información indispensables para enfrentar redes criminales transnacionales que operan con sofisticación y sin respeto por fronteras nacionales.
Este tipo de colaboración debe ser recuperado y ampliado como parte de un marco de colaboración soberano, transparente y mutuamente beneficioso, que fortalezca las capacidades institucionales ecuatorianas en inteligencia, interdicción y procesos judiciales efectivos. Es urgente que estos esfuerzos se traduzcan en programas sostenibles que no dependan de ciclos políticos, sino que promuevan una estrategia de seguridad integral con inversión en prevención del delito, desarrollo social y gobernanza democrática.
Ecuador, por su ubicación estratégica y su rol en operaciones multilaterales, requiere un impulso decidido de cooperación internacional que complemente sus esfuerzos nacionales. Convocar a Estados Unidos y a otros actores regionales a redoblar la cooperación técnica y operativa no solo incrementará la eficacia de las acciones contra el tráfico de drogas y el crimen organizado, sino que también reforzará la estabilidad democrática y el bienestar de la población. (O)
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