He sido testigo, al menos, de unas tres formas generalizadas de pastoral: 1- La PRECONCILIAR, que ponía todo su empeño en que el pueblo de Dios cumpla mandatos y reciba sacramentos. Era una Iglesia altamente sacramentalista y ritualista. 2- La LIBERACIONALISTA, que, descuidando la esencia original de buscar serenamente la redención integral del hombre y de todos los hombres, se entusiasmó sólo por la situación de los pobres y, salvo verdaderos líderes sinceros que merecen nuestra veneración, sólo hizo ruido y alboroto; y 3- la GERENCIAL, la de algunos jerarcas hoy, que pone mucho empeño en proyectos, documentos, papeles, comisiones, subcomisiones, etc. que los agentes de pastoral —de quienes no siempre se considera su situación existencial— están obligados a cumplir. ¿Resultado? la “burocratización de la fe”, preferencia —quizá inocente y llena de buena voluntad— a reducir la pastoral a un conjunto de normas, reglas y procedimientos administrativos, perdiendo así la esencia espiritual y la relación personal con Dios. Estas son algunas de sus características y consecuencias.
CARACTERISTICAS: 1) Se prioriza la forma y la estructura sobre el contenido y la esencia de la fe. 2) La pastoral se reduce a un conjunto de reglas y normas que deben ser seguidas, en lugar de respetar el ritmo del pueblo. 3) Cantidad de comisiones y responsables que compiten por agradar y evidenciar su presencia, ocasionando que se crucen actividades y tengan que reverse horarios 4) Se asumen, sin mayor discernimiento, compromisos y modalidades que bien pueden hacer —y mejor— otras entidades, sacrificando la esencia doctrinal, hoy tan debilitada, en parte por el ambiente secretista.
CONSECUENCIAS. Entre otras: 1) Cumplimiento por inercia: los planes hay que ejecutarlos porque así se nos ha ordenado; se prioriza la ejecución como tal antes que un sereno y calmado discernimiento. 2) La fe se vuelve superficial; no queda tiempo para la reflexión profunda, porque éste se va en actividades que, pese a que como se sabe, llegan y pasan sin incidencia, salvo algunos slogans. 3) Falta de consideración a las personas y comunidades que también tienen sus particularidades, prioridades y procesos.
Proyectos, planes, documentos y comisiones son necesarios, sí. El trabajo pastoral no pude ni debe presidir de ellos, pero deben ser mesurados y altamente meditados para evitar que las buenas intenciones terminen ahogando lo que es patrimonio de siglos y debilitando aún más lo poco que nos queda de evangélico. Hay necesidad de simplificar las cosas si queremos una pastoral fluida y con resultados. (O)









