“El Patrimonio Cultural conlleva una relación de pertenencia con las personas, pues son las creadoras, herederas, legatarias y trasmisoras. El Patrimonio es inseparable de la cuestión humana, si es material o inmaterial tiene un trasfondo simbólico que da lugar a una mejor cohesión social, su esencia impregna las sociedades, trasciende al tiempo, es una cuestión histórica, cuyo conocimiento y valorización, será de todas maneras, trasmitido a las generaciones siguientes. La aproximación multidisciplinar que requiere la gestión, la conservación y la salvaguarda del Patrimonio Cultural, conformado por obras de arte, arqueología, monumentos, arquitecturas entre ellas la vernácula, patrimonio industrial, tecnológico, infraestructuras públicas, paisajes culturales, paisajes urbanos e itinerarios culturales, etc., debe ser asumida como una obligación ética, en virtud de la honradez y mucho más a la que se deben administradores, técnicos, propietarios y defensores. Por medio de un encuentro pacífico no controvertido, obligatorio en claustros peritos, pero esto resulta posible en la medida en tanto en cuanto, cada experto se despoje de su yo o mejor expresado, de su ego, para que solo entonces pueda ser capaz encontrar idoneidad en el criterio o la capacidad del otro. Esta variedad de dimensiones que implica la Conservación de los Patrimonios Culturales, trasciende la lectura parcial y subjetiva, para desembocar en una mirada plural cuya intención sea la recuperación de la memoria histórica de una sociedad, traspasando al entorno con dedicación, mística, pasión, decisión, amor por la historia, carácter, coraje y por supuesto valentía. Para esto además de la legislación, se requiere voluntad colectiva. Una responsabilidad compartida entre estamentos y ciudadanía”. (O)









