Como de costumbre, al llegar el año nuevo, nos deseamos bienestar, salud, alegría, progreso. Consumir uvas, vestir ropa amarilla, maleta para el viaje, bullicio, música y fiesta. Se quemó al monigote que representaba la manera de deshacernos de lo malo y negativo, recibiendo al recién llegado con un legado de positividad. Se exageró como siempre con el ruido y el humo de la pirotecnia, que lesiona la salud colectiva y torna caóticas a las ciudades, playas, avenidas y parques, por doquier.
Mas, el año nuevo nos muestra la tragedia que vive el país todo, con zonas rojas donde la vida humana perdió valor, por ello el 2025 hubo 9100 fallecidos por sicariato en el mundo de narco turbulencia, y en las primeras horas del nuevo año, se alcanzó ya la cifra de 20 muertos. Los noticiarios sólo muestran y comentan de una convulsión espantosa, con asaltos por doquier, niños olvidados de la sociedad y del gobierno central que se integran en las filas de la muerte. Millonarias cifras de narcóticos capturados por la policía y muchas más que burlan los controles y salen al mundo de consumidores situado fundamentalmente en el primer mundo.
De la minería ilegal o fuera de control estatal, gestora de varias ramas de economía informal y peligrosa por la violencia que alimenta, aún en regiones rurales, otra hora lugares de agro, ganadería y bucólica paz.
De la política y de los políticos, un océano de conflictos que muestran pugnas entre ellos en uso de denostación, injurias y acusaciones que muestran un descuido de las funciones en beneficio de la sociedad para lo cual fueron elegidos y convertidos en actores de procesos que sólo pintan actos reñidos por la moral y la jurisprudencia, atracos al estado y por ende a la sociedad, vocabulario con términos y expresiones con un alto grado de vulgaridad, bochorno y tinte desagradable, que sólo muestra el nivel y gestor del grado de postración de nuestro Ecuador.
Crisis fiscal manifiesta en todos los estamentos, ministerios y sociedad, que lacera la salud pública, el deterioro vial en el austro ecuatoriano, la inseguridad pública, aún en lugares antaño considerados pacíficos y la desesperanza que golpea a los jubilados cuando corren negros nubarrones sobre el IESS. (O)









