Cuba: La tormenta perfecta

La situación energética y económica en Cuba alcanzó un punto crítico en este inicio del 2026, debido a factores geopolíticos y decisiones internas de sus aliados históricos que la han dejado en una posición muy vulnerable. Venezuela, sumida en una crisis terminal tras la caída de Maduro, desmanteló el intercambio de «médicos por petróleo», eliminando el 35% del suministro energético cubano. México canceló envíos que en el 2025 promediaban 37 mil barriles diarios, dejando a la isla con apenas el 10% de su flujo habitual. El golpe de gracia llegó con la orden ejecutiva de Trump: aranceles directos a cualquier país que suministre petróleo a la isla. Washington busca cortar toda vía que no sea la compra directa a precios de mercado, algo imposible para una Cuba sin divisas. La firma de inteligencia energética Kpler advierte que las reservas durarán apenas de 15 a 20 días. Rusia y China actúan como diques, pero su apoyo es insuficiente ante el colapso de redes locales, mientras el Estado se atrinchera tras un férreo control social. Pero, ¿qué pasaría si cae el sistema? Se proyectan tres fases: (1) Corto plazo, una crisis humanitaria que obligaría a los EE. UU. a levantar sanciones de emergencia para permitir el flujo de ayuda y combustible; (2) Mediano plazo, un «shock» de mercado con una dolarización total de facto y la desaparición del peso. Veríamos una privatización acelerada del turismo y la energía mediante inversión extranjera masiva; (3) Largo plazo, una reconstrucción titánica. Tras décadas de desidia, reparar la red eléctrica y el alcantarillado tomaría, al menos, diez años. Pese a los diálogos con Washington y la ayuda humanitaria mexicana, sin petróleo la cuenta regresiva es inminente. El régimen se enfrenta a una tormenta perfecta. (O)

Martín López

Martín López

Doctor en Jurisprudencia y Técnico en Administración de Empresas. Actualmente diplomático de carrera del Servicio Exterior.