
VOCES CIENTIFICA
María Anaís Leguízamo
mleguizamo@ups.edu.ec
La vida pasa, un nuevo año empieza y los meses se proyectan cargados de actividades; el presente y el devenir se muestran agitados aportando a un estado de inquietud existencial; la lucha contra el paso del tiempo es inminente dejando a su paso un cansancio e inquietud. Pasan así los años, las décadas y la vida. El mensaje: “No tengo tiempo” o “Qué cansancio siento” es el léxico de todos acompañados muchas veces de síntomas físicos, emocionales o psicológicos.
Surge entonces la inquietud: ¿Qué hacer frente a este cansancio vital?
Podrían emitirse muchas respuestas; una al alcance de todos, aunque bastante comprometida con uno mismo es: “Volver al interior”.
Es necesario ese viaje interno, introspectivo donde me voy a encontrar conmigo mismo y para quien es creyente; con Dios. Volver al interior es cultivar la paz, sosegar la vida, saborear los instantes con gratitud; mirar contemplativamente cada espacio, a cada persona y a cada circunstancia.
Volver al interior implica silencio externo, acallar tantas voces rutilantes para escuchar el mensaje del ser que dice: “Calma, todo es transitorio” “Dedica tus segundos a vivirlos sin prisas, sin apuros” “Discierne qué es lo urgente, lo necesario y lo innecesario y opta por lo que verdaderamente necesitas”.
Volver al interior es encontrarse con Dios como una fuente de paz, de sabiduría, de luz, de descanso, de esperanza. En ese encuentro honesto la persona encontrará su felicidad tan deseada. (O)








