¿No será acaso una forma de discriminación cuando poco o nada nos acordamos en el día de la mujer, de la violencia que sufre la campesina? Sí, porque acaso no lo queremos ver o hemos llegado a la tolerancia tal que, lo aceptamos como algo normal.
Esta violencia se inicia cuando consciente o inconscientemente se aprovecha de la indigencia y necesidad de sobrevivir de muchas mujeres campesinas, aprovechamiento desde que se les “coge” para que sean empleadas de las casas de los “ciudadanos”. La violencia comienza con el maltrato verbal hasta llegar “no raras veces” al maltrato psicológico e incluso físico, llegando al extremo de la violencia física y sexual. Desde el inicio se les considera como que nacieron para servir y que son ignorantes, incultas y falta de “sesos” por lo que no valen para estudiar.
En las calles muchas campesinas reciben toda clase de agravios, comenzado en los mercados donde no se les asigna “puestos de venta” e incluso se les “barre” a las vendedoras campesinas de espacios públicos, como otra basura más, sin otro recurso que la agresión y sin entregarles lugares dignos donde puedan expender sus productos.
Los mismos “machos” campesinos generalmente bajo los efectos del alcohol agreden a las mujeres, sin justificación alguna, solo por el hecho de “ser mujeres” que tienen la obligación de trabajar en el campo, tener guaguas y a criarlos como sea.
Tantos años de recibir maltratos las mujeres campesinas, como que han aceptado ser menos que los varones, por ello, que dan paso fácilmente al abandono de su esposo para migrar, dejando a ellas a cargo de los hijos, incluso de los abuelos. Y, lo que es más grave y no menos frecuente, es el olvido total de los hombres en el extranjero de sus mujeres, que solas tienen que enfrentar la dura realidad del abandono y el maltrato de una sociedad rural y no menos machista.
No nos olvidemos que estamos viviendo un modelo extractivista, con desplazamientos y conflictos armados en zonas rurales campesinas, donde las mujeres son víctimas no visibilizadas. Y, lo más preocupante es que muchas mujeres campesinas aceptan los maltratos como un mandato divino o como una herencia de conglomerados machistas, que ha inducido hasta que hoy, los sigan considerando como las “sirvientas”. (O)








