“Abril aguas mil y todas caben en un barril” así, simplifica la sabiduría popular, como una advertencia, que las lluvias en abril pese a ser abundantes y continuas, las más de las veces no pasan de chubascos, a diferencia de las grandes lluvias del mes pasado y las que vendrán en “Mayo hasta que se pudra el sayo” pero, como con el temporal nada es definitivo en este valle de contrastes, ojalá no nos coja, como dice una canción, “con todito el maíz afuera” desprevenidos y sin un plan de contingencia.
El origen de este refrán, tan enraizado en el sentir popular, se remonta a los valles de Castilla para definir una temporada de contrapuntos entre lluvioso y escampado, entre azul y brumoso, entre soleado y garúas que, allá como acá, incomoda en la ciudad y alegra en el campo porque significa engrosamiento y esplendor de los cultivos y de la chacra tradicional, a esta altura del ciclo agrario, generosa con los primeros productos, granos tiernos, calabazas, repollos, frutales, aromáticas que ya se estrenaron en la fanesca y abundan en los mercados de la ciudad para alegría de la gente, mes y temporal allá, en su Castilla natal, cantado por el poeta Antonio Machado: “Son de abril las aguas mil. / Sopla el viento achubascado, /entre nublado y nublado /hay trazos de cielo añil. /Agua y sol. El iris brilla”. Acá también incita a poetas y cantautores; Rubén Astudillo y A añoraba los abriles lluviosos de su pueblo natal “la laguna hacia donde emigraba una garza cada año” y sus lluvias como las columnas que sostienen al cielo; Ulises Freire nos regala una bella canción: “corre corre agüita niña, desde el cerro a la ciudad/ Corre agüita niña, que la siembra va a empezar/ Vuela agüita hermosa, cielo, viento, tierra y mar/ Corre corre agüita niña, / en sol y lluvia a chapotear…”, para muestra basta un botón, fueron dos.
Y nos embarcamos en abril, mes especial para los cuencanos, celebramos las fiestas aniversarias de la fundación española de nuestra ciudad, fiestas al fin, mes de paisaje exuberante y generoso de producción, pero obliga tomar precauciones: salir con ropa adecuada, impermeables, rompe vientos, paraguas, en fin, porque como dice este otro adagio popular “el invierno no ha pasado mientras abril no es terminado”. (O)









