En la jerga futbolística también conocido como “mercado de fichajes”.
Su finalidad, ampliamente conocida por amantes y no amantes del fútbol, es aplicable a la gazmoña política ecuatoriana.
Comenzó con una jugada maestra, maquiavélica; diabólica para muchos.
Los dueños de la gran “liga” electoral, que hasta pretenden jubilarse con el sueldo que esta “pasantía” les depara, anticiparon el inicio del campeonato.
Que es porque viene El Niño, dijeron. Y vendrá furioso, diluvial, según la premonición de meteorólogos dignos de un Nobel.
Entonces comenzó el alboroto para equipos y equipillos. Les cogieron dormidos.
A unos, porque creen que jugaron sucio, que hasta se llevaron el balón, pero temen que volverían a ser campeones, les suspendieron.
A otros, más por armar trifulcas que por tener chance de alzarse con la corona en 2027, acaban de borrarles del mapa.
Los demás andan asustados. Se les viene encima el cierre del “libro de pases”. Todo les juega en contra.
Deben inscribir jugadores para disputar, esta vez, los campeonatos de alcaldías, prefecturas, concejalías, juntas parroquiales, y de ni se qué consejo indigno.
En cuanto el reglamento les permite, deben amarrase entre sí, tanto para contratar jugadores que disputen esas coronillas, como para evitar morir.
Pronto se sabrá sobre equipos y equipillos, enemigos entre sí (aunque es solo un decir), que tratarán de aliarse para contratar delanteros con olfato de gol, capaces de meterlos en los arcos de aquellas “dignidades”.
¿Cuánto costarán? ¿A qué precio serán tazados? ¿Cuáles serán las primas a recibir? Y, lo peor, ¿cuánto tendrán que poner de sus bolsillos para aspirar a jugar en esas tremendas posiciones?
Y lo que más peor. Es posible que para la disputa de la corona en sus diversas categorías reciban dinero sucio, como ya habría ocurrido en anteriores campeonatos.
En eso andan los dirigentes de esos equipos y equipillos. Son más de 240. Cada uno con un color de camiseta, con su respetivo número y slogan. Si jugaran un Mundial, se necesitaría cuando menos 50 años para conocer al monarca, entre otras cosas porque ningún encuentro terminaría en tiempo reglamentario.
Se conoce que algunos andan prestándose para ser alquilados. El precio es un hermetismo, si es con 3 o 4 jugadores de por medio; con traspasos jugosos, o con camisetazos dignos de una portada del New York Times.
Qué campeonato que se viene. Ojalá los “dueños” de la gran liga electoral, que tienen agente y DT propios, no anticipen la hora del conteo; o que ya tengan listo el equipo o equipillo al cual declararle ganador, así sea disimulando una final con penales…(O)




