Viva el 1 de Mayo

Recobrando el sentido original del 1 de mayo, día del trabajo, conviene recordar que se trató, ante todo, de una disputa por el tiempo: por un tiempo propio, garantizado de manera básica mediante la reducción de la jornada laboral. El trabajador no podía -ni puede- ser tratado como una cosa, sino como un ser humano que requiere condiciones para la reproducción de la vida en libertad. Y para eso necesita tiempo. En segundo lugar, están las condiciones en que ese tiempo se utiliza para generar riqueza, es decir, las condiciones salariales. Un trabajo mal pagado no dignifica a nadie. En tercer lugar, la lucha por mejores condiciones en el uso del tiempo ha sido siempre un proceso colectivo; ninguna conquista social ha dejado de ser, en el fondo, un proceso político. Pero incluso para comprender algo tan elemental se requiere educación, y no una educación memorista, sino reflexiva. En tiempos de crisis nos volvemos idiotas; dejamos de pensar. Como advirtió Hannah Arendt, los regímenes más destructivos no se sostuvieron por la maldad de las personas, sino por la pérdida de su capacidad crítica. El problema no es la falta de información, sino la ausencia de reflexión. Por eso el pensamiento crítico es central, pero no surge de inmediato: es lento, exige tiempo, no se ajusta a la inmediatez del mercado ni a la rigidez de la burocracia. Requiere libertad, diálogo y la posibilidad de pensar con otros. No podemos vivir solo para trabajar. Necesitamos trabajar, pero también vivir. Eso implica crear condiciones donde las personas no se impongan unas sobre otras, donde no necesitemos tutores que decidan por nosotros. Pensar es parte de esa tarea: construir una racionalidad que permita pacificar la existencia. Y eso exige claridad política, incluida la capacidad de cuestionar una política reducida a frívolos intereses de poder. En ese horizonte, el 1 de mayo es también un intento por recuperar un tiempo perdido. (O)

Dr. Sebastián Endara Rosales

Dr. Sebastián Endara Rosales

Sebastián Endara Rosales, Quito, 1978. Doctor en Educación y Sociedad por la Universidad de Barcelona. Especialista en pensamiento crítico. Autor de varios libros y artículos científicos.