El desafío de proteger el mar, las montañas y los ecosistemas del litoral ecuatoriano en la cordillera chungón colonche
Ecuador atraviesa un momento importante en la discusión sobre el futuro de sus territorios costeros. Mientras el país impulsa nuevas oportunidades de desarrollo turístico, inmobiliario y económico en el perfil del océano Pacífico, también crece la necesidad de proteger ecosistemas frágiles y territorios naturales que forman parte del patrimonio ambiental y cultural de la nación.
La reciente aprobación en la Asamblea Nacional de la Ley Orgánica de Gobernanza del Espacio Marino-Costero marca un hecho histórico para el Ecuador. La normativa busca fortalecer la protección y sostenibilidad del mar ecuatoriano, regular los usos del espacio marino-costero y proteger ecosistemas estratégicos vinculados a las zonas de olas, manglares y áreas sensibles del litoral.
La nueva ley nace precisamente de una creciente conciencia ciudadana sobre la importancia de conservar los ecosistemas costeros y marinos frente a actividades que podrían afectar de manera irreversible el equilibrio ambiental del litoral ecuatoriano.
Sin embargo, la protección del mar no puede analizarse de forma aislada. Las montañas, bosques secos tropicales, laderas y territorios cercanos al océano forman parte del mismo sistema ecológico que sostiene la vida y el equilibrio ambiental de las costas ecuatorianas.
Muchas de estas zonas cumplen funciones fundamentales: regulan el agua, estabilizan los suelos, conservan biodiversidad y actúan como barreras naturales frente a erosión, lluvias extremas y fenómenos climáticos cada vez más intensos.
El verdadero desafío consiste en construir un modelo responsable y sostenible donde el crecimiento económico ocurra en armonía con el territorio y no en conflicto con él. En donde se respeten los derechos colectivos como vías de acceso, áreas públicas, impacto al hábitat en general.
La aprobación de esta nueva legislación representa una oportunidad histórica para reflexionar sobre la importancia de planificar mejor el crecimiento urbano y turístico en las zonas costeras, promoviendo procesos transparentes, sostenibles y participativos.
Defender el mar también significa defender las montañas, los bosques y los territorios que viven junto a él. (O)


