Al grano. De cara a las elecciones seccionales climatizadas, la suerte electoral del alcalde Cristian Zamora está echada.
¿Algún iluso cree que el Contencioso Electoral tumbará la resolución del juez que a Zamora le suspendió sus derechos políticos por seis meses tras ser denunciado por “violencia política de género”, otra de las “novelerías” y “conquistas” aparecidas en tiempos de la cólera política?
Al alcalde de Guayaquil ya le despacharon. Le llegó el turno a Zamora. También podría llegarle al de Quito.
Aquel es el arte de podar rivales políticos, no en las urnas, sino en los tribunales, desde donde también se gobierna; igual desde los organismos de control, como se hizo hace diez años, o siempre.
¿Quiénes usufructuarán de esa decisión patinezca? ¿Será el gobierno? Claro que quiere dirigir los destinos de Cuenca. Sí, ¿pero con qué candidatos?
Si toda la propaganda del oficialismo apunta a convertir al presidente en estrella, no sería nada raro que en Cuenca termine estrellándose, mucho más porque, una cosa son las elecciones generales, otra las seccionales. Además, estas se convierten en plebiscito. Y acá no le va tan bien.
En Cuenca, el presidente difícilmente “arrastrará” a su aspirante a la alcaldía por más que engrase su maquinaria propagandística; peor si entre los posibles candidatos no hay nadie de peso por más barba que tenga; o crea que le funcionará el anticorreísmo, que es como creer que todas las noches son de luna.
En las demás cofradías políticas, que no son más que chinganas en cuyos alares se cobijan unos cuantos vivos, tampoco hay aspirantes categoría “A”.
Aquel panorama es el resultado de una orfandad de representatividad política sin paragón en la historia de Cuenca. Perdonen; pero no hay POLÍTICOS de fuste, peor líderes; excepto unos cuantos vendedores de pomadas, como aquellos informales que venden guayacol para todos los dolores.
Y, lo peor. En ese contexto, tampoco hay un proyecto de ciudad, pensado, planificado, diseñado para que se cumpla “venga el que venga”. ¿Alguien puede decir que la ciudad tiene una brújula que guie su desarrollo ante los desafíos, y qué desafíos que tiene por delante?
Lo dicho. “Nadie sabe para quién trabaja”. Del realizado por el juez que por su “insoportable levedad” ya dizque sufre pesadillas persecutorias, ¿quién sacará provecho?
A Zamora deben enfrentarlo en las urnas, donde pague por su “incontinencia verbal” o lo premien por lo que sea.
Pero deben hacerlo los cuencanos, no a través de un tribunal donde hasta pueden decidir que una mueca significa violencia gestual, que políticamente debe ser sancionada. (O)


