Es necesario que el Ministerio de Educación elabore nuevamente un programa bien estructurado sobre Educación Sexual para la formación de los adolescentes a partir de los 13 años de edad, y tratar temas que han sido considerados inmorales y prohibidos como enfermedades de transmisión sexual, el aborto, la prevención de embarazos no deseados, la masturbación. El desconocimiento de esos temas ha traído mucho dolor y sufrimiento a la juventud.
¿En dónde está lo malo de enseñar que la sexualidad no es un pecado sino una natural y noble función que debe ser abordada con conocimiento y libertad, con igualdad y respeto entre hombres y mujeres? La absurda, ridícula y anticuada idea de que la educación sobre el tema induce a los jóvenes a practicar el sexo no tiene ningún fundamento científico ni racional. La experiencia y la ciencia han demostrado que con o sin información las personas, en cierta edad, buscan la satisfacción de su natural y normal impulso sexual y que es preferible que lo hagan con criterio formado y no con las distorsiones que ofrecen los “amigos con más experiencia” o con desconocimiento total de las consecuencias que pueden tener las relaciones habidas sin ninguna información.
Es necesario que haya al fin un programa bien estructurado y sin hacer caso de las objeciones de los fanáticos religiosos o de los beatos que siguen considerando pecado a una sana práctica de los seres humanos.
Ojalá se hiciera realidad un plan adecuado sobre una Educación Sexual y así nuestros jóvenes tengan menos riesgo de sufrir enfermedades, embarazos no deseados, muerte y complicaciones por abortos realizados en las peores condiciones, etc. La educación sexual no debe seguir engañando y causando sufrimiento a los jóvenes con la represión, los castigos y la enseñanza anormal de una abstinencia forzada y antinatural. (O)









