Ahora le tocó el turno a Vicko Villacís alcalde de Esmeraldas quien antes se llamaba Luis Alfredo, cuando su paso por los callejones de la corrupción pública y privada le daban patente de corso, frente a un Estado indolente y carente de fuerza para limpiar la suciedad.
Resulta que ahora, cuando la Fiscalía de verdad pone su peso para desgranar a la delincuencia organizada, esto se convierte en “persecución política”. Qué feos términos, acuñados desde la época de las dictaduras de izquierda, que, por ventaja, se van terminando en el mundo.
Vicko tiene que cantar y mucho. Por ejemplo, sobre las fuertes sospechas de su intervención en el atentado de la Refinería que al país le costó 100 millones de dólares, o de sus infinitos auspicios con fiestas y gastos de farándula para hacerse amigo de los políticos y empresarios privados truchos, a cambio de contratos, regalías y auspicios para ser candidato a todos los cargos posibles.
La torpeza ha llegado al límite, porque ciertos ecuatorianos influenciados por el discurso lastimero de los políticos mafiosos que se ven golpeados cuando uno de los de su jorga es increpado por la justicia, claman libertad, golpean las delicadas bases de la decencia para creerse limpios; un discurso camuflado lleno de historias mentirosas. Asistimos a la época en la cual muchos actores públicos dicen temer por su vida; asambleístas de quinta categoría tratan de sorprender diciendo que la delincuencia les amenaza, por ser ellos luchadores por la paz. Una grosería de tamaño mundial.
El español Jacobo García, del mismo tiesto que Fernando Casado, se quedó en Ecuador buscando consultorías políticas y espacios para infiltrar su verborrea, acusa de corrupto al juez Joaquín Viteri del TCE desgranando un odio encomendado o “pagado” de quien sabe quién, cuando en verdad este respetable ciudadano, muy considerado en el ámbito de la justicia electoral y demás espacios, ha emitido sus sentencias con frontalidad y sin amilanarse ante nadie, aun pudiendo como todo ser humano, tener sus errores.
El caso de los alcaldes en problemas es muy grave. Tienen un denominador común: han pretendido utilizar el poder para tapar sus fechorías. Aquiles Alvarez y su acusación por contrabando de combustibles es de larga data, nada tiene que ver con su ejercicio como alcalde; el de Vicko o Luis Alfredo Villacís es una historia que todo Esmeraldas y el Ecuador conoce, ya solo el hecho de cambiarse el nombre da mucho que pensar por ser un mecanismo muy utilizado en la trama de la mafia.
Más bien diría que la justicia va actuando con mano dura para evitar que estos dilapidadores de la honra no se acurruquen en sus madrigueras e intenten volver a manejar los hilos de cualquier ente público, peor si es de elección popular.
Y cuando creíamos que Nebot estaba descansando del ejercicio cuestionado de su política de amarre, aparece diciendo que “cuidado toquen a los candidatos” como tratando de bendecir a sus amigos de pandilla.
Los políticos señalados por delitos de toda índole simplemente no pueden ser elegidos para nada. (O)









