Me he quedado lelo. Sí, un tanto taciturno por los niveles de polarización política en Cuenca. Qué tiempos tan extraños y nunca antes vistos. Primeramente, voy a aclarar que no me voy a meter en lo más mínimo en la sentencia del Tribunal Contencioso Electoral (TCE) en contra del alcalde de Cuenca.
Este análisis va a nivel de periodismo. A ver. Empecemos. No es novedad que los medios reciben pauta publicitaria para difundir las obras de las entidades locales o nacionales. Hasta ahí, todo al pelo. No hay por dónde perderse.
Ahora, tratar de inclinar la balanza de la opinión pública porque se asignó pauta a un medio es vergonzoso. Durante mucho tiempo se habló de la libertad de expresión. En la época del correísmo la prensa la pasó mal por el señalamiento a los medios de oposición. Esos tiempos dejaron muchos aprendizajes.
Bueno. Aterricemos ahora al tema local. Cómo entender que, en medio de una rueda de prensa de una concejal de oposición a la administración local, llegue un empleado municipal a dejar unas hojitas a los periodistas para que formulen preguntas a la política que estaba por denunciar posibles amenazas a raíz de la decisión del TCE.
Caramba. Qué lamentables estos hechos. La prensa debe ser objetiva. Cada periodista tiene la libertad de formular las preguntas que considere necesarias para recabar información. Independencia la llaman. ¿Y desde cuándo se inventaron que a los periodistas se les tienen que imponer entrevistas o preguntas? ¡Nunca!
Pero, como dicen por ahí, para que haya una pelea deben existir dos. No voy a dar nombres, pero la tensión política local se ha trasladado a la opinión pública. Es una guerra sin cuartel que va dejando una estela de rencillas y broncas políticas. Vean, mijines. Levanten las banderas blancas y vivan la fiesta democrática en paz. ¡Paren la violencia mediática! (O)




