Perfecta imperfección

Entre mis top 100 defectos (lista que, lamentablemente, sigue creciendo) está el perfeccionismo. O al menos eso me han dicho suficientes personas como para sospechar que tienen razón. Y sí, probablemente puedo convertirme en una persona insoportable cuando algo no está alineado, bien escrito o mínimamente ordenado.

Durante años se confundió la excelencia, la disciplina o los altos estándares con perfeccionismo. La verdad, suena mucho mejor decir “soy perfeccionista” que admitir “tengo problemas tolerando el error, la incertidumbre o la posibilidad de hacer algo imperfecto”.

Porque, en el fondo, muchas veces el perfeccionismo no tiene tanto que ver con hacer las cosas mejor. Tiene más que ver con control, o como señala Brené Brown, es un mecanismo defensivo que reduce la posibilidad de crítica, vergüenza o fracaso.

Mientras tanto, uno puede pasar toda una vida cuidando detalles. Pero tal vez hay algo rescatable en todo esto, porque la belleza también vive ahí. Muchas de las cosas extraordinarias que admiramos existen gracias a personas obsesivas, pacientes y cuidadosas.

Tal vez ahí está el equilibrio difícil, entender que el mundo no es hermoso únicamente por su perfección, sino también por sus pequeñas grietas, sus errores y su inevitable imperfección.

De hecho, algunas de las cosas más memorables de la vida no son impecables. Esas conversaciones que salen del corazón a tropiezos. Esos viajes o salidas en los que ocurre algún desastre. Y las personas más queridas normalmente tienen varias manías insoportables.

Tal vez necesitamos aprender cuándo vale la pena perseguir la excelencia… y cuándo simplemente hace falta soltar un poco.

Aunque debo admitir que probablemente relea este artículo unas catorce veces antes de enviarlo. (O)                   

@ceciliaugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Comunicadora, doctora en Marketing. Docente e investigadora en la Universidad del Azuay. Ha hecho publicaciones en alfabetización mediática, redes sociales, marca y comportamiento del consumidor.