El lobo disfrazado de oveja

El socialismo más exitoso de la historia es el que jamás se llamó a sí mismo socialismo. Nació en Londres el 4 de enero de 1884 de tres mentes intelectuales: Sideny Webb, Bernard Shaw y Beatrice Webb que crearon la Sociedad Fabiana: un movimiento socialista británico que fabricó la tributación. 

Sidney Webb enseñó que no hacía falta confiscar la propiedad, bastaba con redistribuirla mediante un impuesto hasta que el propietario fuera el usufructuario de su propio patrimonio. Shaw enseñó que cada paso pequeño y razonable era un paso más cerca del Estado total. Beatrice Webb enseñó que la pobreza era un asunto de jurisdicción estatal y que toda jurisdicción exige una burocracia, y toda burocracia exige un presupuesto, y todo presupuesto exige un impuesto nuevo. Tomadas aisladamente son tesis discutibles. Combinadas, institucionalizadas y exportadas forman un sistema que mata lentamente. 

En 1895, los Webb fundaron la London School of Economics que no fue una escuela de economía, sino un lugar de adoctrinamiento. En sus aulas estudiaron más de cuarenta jefes de Estado que regresaron a sus países con el mismo software instalado: tributación progresiva, nacionalización de sectores clave y burocracia perpetua. 

Entre sus alumnos, hubo una excepción reveladora: Lee Kuan Yew, quien fue primer ministro de Singapur, vio algo que sus colegas jamás se permitieron: el modelo no producía prosperidad sino estancamiento, y dio media vuelta. Bajó los impuestos, blindó la propiedad privada, garantizó la seguridad jurídica, abrió la economía de mercado. Singapur pasó de ser un puerto pobre a ser uno con los ingresos per cápita más altos del planeta. Pero esa lección no nos llegó, sino el manual original traducido al español por latinoamericanos que estudiaron en la LSE.  

Una sociedad libre se sostiene sobre tres pilares: la propiedad pertenece a quien la produce, el impuesto es un medio y no un fin y el Estado sirve al ciudadano y no al revés. La Sociedad Fabiana se propuso erosionar los tres. Por eso eligieron como patrono a Quintus Fabius Maximus: el general romano que derrotó a Aníbal mediante años de paciencia y constancia. El emblema de su escudo era un lobo disfrazado de oveja. Lo borraron en el 2006 porque era demasiado obvio; pero el método se quedó. 

Deberíamos aprender lo que Lee Kwan aplicó en Singapur. Una civilización se reconstruye por los contribuyentes que creen que el fruto del trabajo pertenece a quien lo produjo, y no tienen vergüenza en defenderlo. (O)

Lcda. Bridget Gibbs

Lcda. Bridget Gibbs

Periodista y escritora. Norteamericana de nacimiento, pero cuencana de corazón. Radicada en Cuenca desde hace 45 años. Lleva una década colaborando con la página editorial de El Mercurio.