No soy de los que creen en teorías conspirativas. Estoy convencido de que las arbitrariedades de las élites mundiales responden a la ambición de sus propios líderes, sin necesidad de creer que detrás de ello están los Illuminati o que las vacunas contra el COVID contengan microchips diseñados para dominar el mundo. El problema con las grandes conspiraciones es que requieren demasiados cómplices y mucha discreción. Por lo general, las cosas son tan simples y ordinarias como parecen: si alguien va a la cárcel por robar una gallina, suele significar que se robó una gallina. ¿Me explico?
Sabemos que el mundo de la política es desalmado y que los círculos del poder, salvo escasas excepciones, están poblados de rufianes que buscan su propio beneficio. Siempre ha sido así. Sin embargo, también creo que las torpezas y las trapacerías del poder, tarde o temprano, salen a la luz y que, solo a veces, la justicia termina por mostrar sentido común y la verdad prevalece.
Hablemos entonces de la reciente resolución del TCE sobre el actual alcalde de Cuenca, que, además de imponérsele una multa, le ordena tomar un curso sobre violencia de género (la broma se cuenta sola) y le suspende los derechos políticos. Y sí, no es el primer alcalde al que le sacan la tarjeta roja antes de empezar el partido. Pero hasta allí. Todo aquello de la conspiración interplanetaria, la “factura por kimsakocha” (el quinto río no es suyo, nunca lo fue) y aquello del perseguido político, simplemente no convencen. La cuestión es mucho más simple: la sentencia por violencia de género está firme porque hubo violencia de género.
Además, el joven tiene 17 procesos pendientes: ¡sí, diecisiete! (cuatro en la fiscalía, siete en el TCE y seis en la Contraloría), lo que a los cuencanos nunca nos había pasado. Se salvó en el primero; se estrelló en el segundo. Vamos con calma, que solo nos faltan 15. Así que aquí no hay víctimas (salvo la valiente concejal que denunció el atropello y le ganó la partida). Debería, eso sí, haber políticos que se hagan cargo de sus acciones y, en este caso, de sus palabras… (O)
@andresugaldev





