La naturaleza biopsicosocial con su calidad trascendente ya nos define como personas, en efecto nuestra realidad de seres conscientes se inicia y desarrolla desde el momento de la concepción para luego del proceso en el vientre materno nacer a la vida social, en este contexto la genética tiene un rol fundamental en la conducta y forma de actuar que se forman desde la niñez hasta la adolescencia, para luego en la vida adulta actuar dentro de las normas jurídicas con el aval de los usos y costumbres que con las tradiciones forman nuestro acervo cultural.
De lo señalado, la familia es la institución básica para la formación personal y en consecuencia su ambiente natural de socialización, en ella aprendemos a ser libres y responsables, a respetarnos y respetar, nos forma éticamente en la cultura del cumplimiento de los deberes y obligaciones y en el cabal respeto a la integridad de los “OTROS” ameritando el cultivo cotidiano de “la dignidad personal” como el atributo innato de todos quienes somos sujetos esenciales de la humanidad, principio y fin del Estado de Derecho.
Estos conceptos los recuerdo para ilustrar el tema de hoy, porque la POLÍTICA A MÁS DE SER LA CIENCIA Y EL ARTE DEL BUEN GOBIERNO ES LA CIENCIA Y EL ARTE DEL BIEN COMÚN. En esta visión la cultura cívica concentra el valor de la política debidamente ejercida, al punto que, sea cual sea el nivel del servidor público, todos, absolutamente todos, debemos valorarla como el servicio honesto y eficaz a la comunidad. LA MISMA CARTA DE LOS DERECHOS HUMANOS ES EL LÍMITE POR EXCELENCIA DEL EJERCICIO LEGÍTIMO DEL PODER, SIENDO SU REQUISITO BÁSICO EL CULTO DEL DEBIDO REPETO A LOS CIUDADANOS QUE INTEGRAMOS LA SOCIEDAD Y NO DIGAMOS CUANDO SE DEBEN EJERCER LAS FUNCIONES CONFIADAS A QUIENES EJERCEN LA POTESTAD GUBERNATIVA. Por eso cuando se las irrespeta, recuérdese el axioma que dice: “DURA LEX SED LEX” (O)









