Creo que la política es una actividad que reviste la máxima seriedad. Una actividad que debería reservarse para las inteligencias más sensibles y las voluntades más firmes. Para las conciencias que no están a la venta. Lejos, bien lejos, de aquellos que la han prostituido porque no la comprenden. Una actividad que se lleva con orgullo y con la cabeza en alto.
Y, sin embargo, se me ocurre, acaso, que, para fines utilitarios, la política también se parece mucho a un juego de azar. A una apasionante partida en la cual las fichas desplegadas sobre el tablero o el paño verde representan los destinos de los pueblos, las llaves del reino, las obras, modestas o faraónicas, que marcarán el futuro y definirán a las próximas generaciones: su progreso o su decadencia. Un juego desplegado en la siempre dura campaña política, donde los cuatro ases serán la comunicación real y honesta, las bases populares que sustentan la estructura, el plan de gobierno realista y, desde luego, la imagen y trayectoria de los candidatos.
Y habrá que proceder con cuidado. Habrá que recordar que son otros los tiempos y otras las sociedades. Que ya no sirven aquellas campañas construidas sobre insultos y mentiras. Los absurdos memes que pueblan las redes sociales para sembrar el caos. Las campañas millonarias que saturan groseramente de publicidad la bella sobriedad de nuestras calles y plazas centenarias. No. Esta vez no. Esta vez tendrá que ser diferente. ¿Nos honra el título de “Atenas del Ecuador”? ¿Nos llamamos a nosotros mismos “Capital Cultural”? ¿Cuna de las letras y las artes? Pues bien. No hay mejor espacio para demostrar esa cultura que durante la campaña política. Allí decidiremos el tipo de discurso que permitiremos y el tipo de proceder que toleraremos.
Y aceptaremos, claro que sí, toda la creatividad y el apasionante juego estratégico que se desata en esta lid electoral. Lo aceptaremos de buena gana, en tanto y en cuanto los candidatos no olviden el para qué de la política. En cuanto la estrategia se subordine, sin excepción, a la ética en el proceder y a la altura en el debatir. Cómo debe ser… (O)
@andresugaldev










