El ritmo del tambor está en la sangre. Es el primer componente musical del que llevamos marca gracias a la gestación y los latidos del corazón de mamá. ¿Qué pasó después? Lo educaron musicalmente, le abrazaron mucho o poco, le regalaron algún instrumento en su niñez. Claro que estos factores influyen, pero esa memoria natural de tambor y los torrentes sanguíneos, están en usted desde siempre. Época de la conquista, miles de esclavos, despojo de sus materiales. Para quienes vivieron esto, la música, la percusión, sus tambores de cuero, eran su expresión más pura ante el dolor de la separación y el maltrato. Pedazos de madera, cajoncitos armados, calabazas horadadas, permitirían mantener su espíritu de reunión, de baile, de comunidad.
Los instrumentos musicales evolucionan con los años. Se añaden piezas, se mejora su tamaño para un fácil traslado, se profesionaliza su cuidado. Pero surgieron de lo más elemental, y ejemplo de esto es el cajón peruano. Instrumento perfeccionado por Porfirio Vázquez, afrodescendiente nacido en 1902 en Perú, a quien llamaban el “amigazo” y zapateaba de maravilla, pero quien además trabajó las décimas, consideradas una herencia española y podrían compararse a los amorfinos de Ecuador, aunque la composición en sí varía entre ellos. En nuestro país la temática es más picaresca y son coplas cortas, mientras en la costa peruana se componen de 10 versos octosílabos que riman y se recitan o cantan, cultivados por Nicomedes Santacruz, quien daría el nombre “Su majestad, el cajón.”
El afrodescendiente Rafael Santacruz, fundó un festival en 2008 para reunir a cajoneros de todo el mundo, y en 2009 obtuvieron un Récord Guinness al reunir a más de 1000 personas tocando el cajón en Lima Perú. En 2015, la cifra superó las 2000 personas. Lo más valioso de estos magnos eventos fue tener a varias generaciones presentes, cada asistente con su propio cajón, niños de 4 años, jóvenes, adultos, y adultos mayores, poniendo sus manos y dedos a compartir música y comunidad. Cómo no mantener el orgullo de sus raíces y su herencia si se transmite de unos a otros, disfrutan conjuntamente y promueven su cultura al unísono. El cajón peruano es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Recuerde, toda esta historia empezó con un pequeño, simple e improvisado cajón. (O)









