Confieso que la IA (Inteligencia Artificial) no es mi fuerte, pero fue necesario aprender a convivir con su existencia, porque de lo contrario, perdía posibilidades de obtener la información necesaria para que las dudas sobre el conocimiento de alguna temática no se queden como tales.
La IA es una herramienta importante para la gestión de las empresas porque es un campo de estudio y desarrollo de tecnología en la búsqueda de “replicar la capacidad humana de razonamiento, aprendizaje y toma de decisiones en sistemas informáticos”, sin que necesariamente sean desplazadas las personas de sus cargos. El punto clave es que la eficiencia mejore con información oportuna, frente a los viejos modelos o métodos de trabajo manuales.
Existe un variado número de proveedores, y a medida que el requerimiento de información es especializado, los costos pueden ser más altos. Las empresas que invierten en IA, buscan logros a corto plazo, aunque los críticos indican que resultados más palpables pueden verse en el mediano y largo plazo.
El presidente Noboa, por ejemplo, ha realizado llamamientos a que las entidades públicas adopten esta herramienta, para tener un gobierno más eficiente y receptivo de las necesidades ciudadanas. Una aplicación práctica, ya se ve en el sistema de compras públicas con la automatización de varias tareas y procedimientos. Como reconoce Juan Francisco Díaz del observatorio ciudadano sobre adquisiciones del Estado, los algoritmos tienen la capacidad de analizar extensos conjuntos de datos y automatizar una gran cantidad de tareas repetitivas que toman mucho tiempo, desplazando las horas del trabajo operativo a una labor más estratégica para planificar mejor las compras, identificar a posibles proveedores, comparar precios y condiciones, y determinar los atributos de los productos y servicios, que ahora es requisito analizarlos en el concepto del “mejor valor por dinero” incluido en las últimas reformas al reglamento sobre compras públicas.
Pero quizás lo más importante, es que la IA puede apoyar de manera trascendental en la búsqueda de transparencia en la relación del Estado con los proveedores, porque permiten rastrear y auditar las decisiones de compra y detectar posibles actos de corrupción o malos manejos en la cadena de procedimientos para la obtención de una compra eficaz.
En el sector privado, la IA se ha convertido en el brazo motor para los análisis de mercado, la búsqueda de la mejor opción para introducir productos en un determinado nicho, dar seguimiento al comportamiento de los actores en la cadena de valor, calcular con exactitud el mejor valor económico frente al precio, el manejo especializado de la relación con los clientes, y el geomarketing.
La aplicación de la IA implica muchos retos. El más importante es tener conciencia que la capacitación de los colaboradores sean públicos o privados es esencial para obtener mayores rendimientos en la utilización de la herramienta. Las empresas e instituciones deben dotar de un presupuesto específico para la temática de la IA. No es posible quedarse atrás. (O)







