Hay visitas que dejan inversiones, cooperación o respuestas para la gente. Y hay otras que dejan símbolos. La llegada de Javier Milei a Ecuador no es una cortesía diplomática: es la señal de hacia dónde está caminando el Gobierno.
Mientras hospitales suspenden atenciones, las familias hacen malabares para comprar alimentos y medicinas, y la privatización avanza sobre derechos esenciales, la agenda oficial celebra acuerdos económicos, seguridad y la articulación de un bloque regional de derecha. Ninguno responde a la urgencia de quienes sostienen el país desde la incertidumbre cotidiana.
La visita también deja otro mensaje. El acercamiento de Milei a sectores del sionismo político y su respaldo irrestricto al gobierno de Israel, en medio del genocidio en Gaza, revelan una forma de entender el poder donde la fuerza desplaza al derecho y las alianzas pesan más que la vida.
Las visitas oficiales nunca son inocentes. Nombran afinidades, anuncian prioridades y anticipan decisiones. Cuando un gobierno abre sus puertas a quienes convierten los derechos en mercancía y la exclusión en política, también abre la posibilidad de que ese libreto se materialice aquí. Y esa factura siempre termina cobrándose sobre la vida de la gente. (O)
mi.cordero@sendas.org.ec






