Estamos hartos de ofertas, promociones y afines, que se multiplican en las redes sociales, sobre todo de estudios, siendo tan numerosas que no se los alcance a leer todas, peor de sus beneficios, tiempos o más, pero lo cierto es que los hay de diferentes temas y costos, con “facilidades de pago” que engatusan a los interesados y que, no pocas veces, acaban por ser atrapados por tantos ofrecimientos y seguridades, e incluso de trabajo.
Obvio, existen ofertas de estudios muy calificadas y serias, que son relativamente pocas en medio de un coro de ofrecimientos de los más variados, que venden cursos caros sin valor académico real, incluso, muchas ofertas inician solicitando un pago de dinero.
Estos negociantes de las necesidades se aprovechan para inducir a que muchos ecuatorianos, sobre todo jóvenes, caigan en una trampa, en un negocio lucrativo en perjuicio de compatriotas desesperados por trabajar. Las pruebas de engaños son a diario, cuando jóvenes acuden en busca de trabajo presentando títulos de cursos o afines sin valor real, no reconocidos oficialmente, y por ende, negados en su aspiración de laborar en una sociedad en donde las necesidades y pobreza están a la orden día.
Las redes sociales se han convertido en los espacios donde se puede ofrecer todo y de todo, sin que haya ninguna regulación, y lo más llamativo es que muchos jóvenes desesperados y sin trabajo caen en las garras de indolentes que tratan de vivir a través de la estafa. También hay que considerar que las redes sociales casi que no tienen filtros para evitar estos negociados.
Ante estas mentiras que son públicas es recomendable que interesados en estudios o trabajo, en las redes sociales se aseguren bien de que sea algo real y cumplible, desconfiando de promesas y peor de quienes aseguran dar puestos de trabajo. También es menester considerar que no se debe primero abonar, ante el “cuento” de que tienen rebajas en el curso y que pronto tendrían trabajo.
Lo descrito es una realidad que vivimos todos los días, siendo un gran porcentaje, sobre todo, de compatriotas sin trabajo que son presa de aprovechadores, empero, nos preguntamos, ¿quién o quiénes desde el gobierno u otros estamentos regulan estos espacios y, por ende, la presencia diaria de estafas que agobian, sobre todo, a jóvenes ecuatorianos? ¡Ojo! que hay muchos intereses de por medio. (O)








