Una oposición política incongruente

Gustavo Petro se fue de la presidencia de Colombia en un estado de evidente trastorno. No se resignó a que su contendor Abelardo de la Espriella gané las elecciones ¿Qué falló en el pronóstico de verle triunfador a Iván Cepeda? Los colombianos, especialmente en ciudades prósperas como Medellín, volcaron su aceptación a no continuar con el modelo del “petrismo” por su evidente enfoque al estatismo brutal, pero más que eso, a seguir soportando una estrategia sin norte, y con evidentes rasgos de corrupción.

Fue tal la desfachatez de Petro, que, en estos momentos de desgracia de Colombia por el terremoto brutal de hace algunos días, en un estado de guayabo electoral, creía que podía seguir dando órdenes a los militares. Desea con todas sus fuerzas el fracaso del nuevo presidente posesionado hace ocho días. Loco de remate.

Lo mismo ocurre en el Perú cuando Keiko Fujimori recién inicia su ejercicio presidencial; los del ala del encarcelado expresidente Pedro Castillo y de otras líneas populistas, cuestionan sus primeras decisiones sin argumentos válidos, sino por seguir esa tradición de oponerse a todo. Aun con una renovada Constitución, será muy difícil para la Presidenta eliminar de inmediato la inseguridad y las extorsiones, que fueron el núcleo de sus promesas de campaña. La oposición quiere resultados para mañana, aunque muy bien saben que podrían darse recién a mediano y largo plazo. Mientras Keiko solicita al Congreso, con evidente resistencia a su gestión, facultades especiales para legislar en materia de seguridad, los políticos de toda cepa crean incidentes a diario, y transmiten a la población sus bajas pasiones para que desaprueben el trabajo de Fujimori.

Todo esto ocurre por la pequeña diferencia de votos. De la Espriella ganó con menos del 1 % a Cepeda (250.000 votos) y Keiko a Sánchez con el 0,27 % (50.000 votos), y de hecho el pecado original está vivo. Colombia y Perú tienen una población electoral dividida, muy parecida a la de Ecuador.

Aunque Daniel Noboa ganó la presidencia con el 4,2 % de diferencia, su propuesta de gobierno tropieza todos los días con una oposición cruenta, que no reconoce, por ejemplo, los inmensos esfuerzos realizados para disminuir la inseguridad, y la voluntad política de no ceder a las pretensiones de las mafias y grupos desestabilizadores.

Quienes están detrás de que el gobierno falle, son inventores de narrativas dislocadas con la realidad, aupados en este modelo de “troles” diarios para tocar temas sensibles y engañar a la gente como la supuesta eliminación del XIV sueldo, (a esta hora en la sierra ya más bien los trabajadores han cobrado el beneficio); la subida del GLP, y demás disparates que causan rechazo en los ciudadanos.

Nuestros países están obligados a vivir con estas realidades. Le corresponde al poder ejecutivo llegar a consensos para impulsar sus procesos y conseguir sus metas. Resolver las problemáticas estructurales como la inseguridad requiere tiempo y una estrategia en la cual participemos todos los actores sociales, sin agendas oscuras, ni proyectos personales o de grupo trabajados bajo la mesa. (O)

Econ. Gerardo Maldonado

Econ. Gerardo Maldonado

Economista, abogado. Posgrado en Finanzas y Proyectos INCAE Bussiness School. Máster en Administración en Tecnológico de Monterrey. Master en Derecho de Empresas Universidad Andina Simón Bolívar. Poeta y escritor.