Híjole. La cosa es medio turbia. La semana pasada encontraron más de doscientos mil dólares, nada más, en una casa de citas de Cuenca. Sí, está leyendo bien. No es poca cosa. Es un montón de plata y el origen de ese billete hay que conocer porque huele mal.
A ver. Es que la cosa en Cuenca está medio preocupante. Los casos de inseguridad nos causan asombro. A cada momento aparecen nuevos casos de hombres escopolaminados. En las cámaras de seguridad se mira cómo mujeres despampanantes les dejan limpiando a las víctimas. Caramba, qué pena. Recuerdo cómo, hace más de un año, un compañero del colegio falleció por una sobredosis de escopolamina. ¡Lo abandonaron en la calle!
Las vacunas también han provocado que varios locales tomen la triste decisión de cerrar sus puertas por temor a ser víctimas de estos sujetos, que no dudan en apagar la vida de una persona trabajadora. A esos tipos les tiene que caer todo el rigor de la ley, pero da agrura conocer que en menos de veinticuatro horas salen libres por falta de “pruebas”.
A los chapitas a veces se les caen las lágrimas de la impotencia. Ver tanto esfuerzo para cazarlos y los administradores de justicia les dan medidas sustitutivas para que se presenten cada semana ante una unidad judicial y que regresen por la sombrita. Les encuentran con un arsenal bélico para la guerra, pero dicen que no son suficientes indicios para castigar a los angelitos.
En fin. Ese billetito que asomó encaletado en un night club debe ser de alguien. No pudo haber llegado solito caminando. De pronto, sea de origen ilícito y las investigaciones deben ser transparentes para dilucidar esas incógnitas que tenemos los habitantes. ¿Qué pasa día tras día en la ciudad? Nos merecemos conocer la verdad. (O)







