Análisis político
Una de las características de un régimen democrático es el ejercicio de un conjunto de derechos y libertades, entre las cuales se encuentra la libertad de expresión y de prensa. Una libertad que, por ejemplo, en Ecuador, está consagrada constitucionalmente como parte de los “derechos de libertad” (Artículo 66, numeral 6).
Sin embargo, en los últimos días se han hecho públicos dos últimos casos de periodistas que han tenido que abandonar su actividad profesional, o dejar un medio televisivo, por acoso o por presiones que provendrían del Gobierno. Se trata de la periodista Gisella Bayona, que anunció su abandono del periodismo luego de que el Presidente, en una entrevista, hiciera una alusión crítica a ella y que recibiera agresiones verbales por parte de granjas de trolls; y, del periodista Fabricio Vela, que tuvo que dejar el canal RTU luego de que recibiera un intento de censura por una entrevista a la ex candidata presidencial Luisa González.
A estos últimos casos se unen los casos anteriores de periodistas como Hernán Higuera de ECUAVISA, que denunció represalias gubernamentales contra familiares por la realización de reportajes de seguimiento al caso de corrupción “PROGEN”; y, la de Fausto Yépez de Teleamazonas, uno de cuyos reportajes sobre el mismo caso fue censurado también, según se dice, por presiones.
Otro caso reciente es el del periodista Roberto Aguilar, separado de Diario “El EXPRESO”, según su denuncia, también por presiones gubernamentales; y, esto en el marco de lo que el propio Diario denunciaría como un sistemático acoso del régimen. Un acoso que también afectaría a periodistas como Sol Borja.
A todo esto habría que añadir situaciones como la salida del país, por falta de garantías para su labor y para su seguridad, de los periodistas Anderson Boscan y Andrés Durán; así como la expulsión hace algún tiempo de la periodista Alondra Santiago.
Ciertamente que casos como estos, que atentan a la libertad de expresión de periodistas de investigación, independientes, o críticos del Gobierno, ya han ocurrido también en Gobiernos anteriores, particularmente en el régimen correísta; empero, parecería que ahora empiezan a darse con más fuerza y, lo más preocupante es que comienzan a “normalizarse”. (O)




