El pontífice Francisco, habló de “pecado ecológico”, proponiendo que se lo incluya en el catecismo, como acciones u omisiones que dañan gravemente a la creación, al prójimo, a la comunidad y a las futuras generaciones. En definitiva, las acciones destructivas contra la naturaleza, sí pueden considerarse pecado, en tanto en cuanto lesionan a la vida.
Actualmente, el Papa, León XIV, a través de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano, publicó el documento “Cuidado de nuestra Casa Común”, en el que sostiene que destruir ecosistemas, contaminar y explotar irresponsablemente los recursos naturales, trasciende el ámbito científico o político y adquiere una dimensión moral.
El daño ambiental, afecta particularmente a las poblaciones más pobres y compromete el bienestar de las futuras generaciones. Por ello plantea, que proteger la naturaleza, utilizar responsablemente los recursos y revisar los patrones de consumo forman parte de la responsabilidad de quienes hoy habitamos nuestro planeta. Como no considerar como falta grave, si estamos liquidando la vida, perjudicando a las futuras generaciones y dejándolos sin una Tierra habitable, no sólo a los seres humanos, sino a toda forma viviente, en razón de que todos son importantes, todos cumplen con una función específica, todos son insustituibles y todos conforman la gran biodiversidad que da brillo y valor a nuestro planeta.
Estamos en el siglo XXI, la población alcanzó la cifra de 8.300 millones de seres humanos, las necesidades de alimento son cada vez mayores a la vez que prima la inequidad, la destrucción de los ecosistemas que mantienen la vida, que generan el agua y que permiten el mantenimiento de la vida, en sus millones de formas.
Nuestro planeta funciona en base a geopolítica y a fuerzas del mercado que conducen la economía de los pueblos, en donde el pez grande, come al pequeño y la avaricia tipifica a los gigantes, para ello prima la turbulencia, la guerra, la muerte y el desprecio, en tanto influencias estructurales, como corporaciones multinacionales, bancos centrales, tratados comerciales y hasta organismos internacionales, mueven las fichas del tablero.
En lo ambiental, fenómenos como el cambio climático, el estrés hídrico, el hiperconsumismo, los incendios provocados, la degradación de los ecosistemas, el irrespeto a la vida, definen un cuadro nada halagador para el futuro. (O)






