Mientras el relato del gobierno de Daniel Noboa se construye desde el silencio, a conveniencia de sus opacos intereses, el país se hunde en estados de excepción, feriados improvisados, amenazas y censuras a la libertad de expresión. Medios y periodistas son perseguidos, y a quienes cuestionan sus acciones y exigen respuestas son criminalizados. Los apagones se convierten en el macabro escenario de los oscuros tiempos que está viviendo el país, prueba de la ineficacia de un gobierno que ha extendido y profundizado los viejos males que sufrimos. La sociedad, pasmada, observa con miedo y desconcierto cómo la violencia no cesa. La hiper militarización, respuesta de Noboa al crimen organizado, apenas ha reducido los asesinatos de 25 a 23 diarios. Una cifra que revela la magnitud del fracaso, pues la criminalidad sigue creciendo y los indicadores de violencia se disparan. La institucionalidad del Estado ecuatoriano está rota. La independencia de funciones no existe, la Constitución se ignora y las decisiones tomadas en las urnas se desprecian. El pueblo dijo no a bases militares extranjeras en territorio nacional, pero el gobierno condecoró a Marco Rubio con la Orden Nacional al Mérito “Gran Cruz”, mientras las familias de los pescadores bombardeados protestan y las Fuerzas Armadas guardan silencio. El único que se atrevió a hablar fue destituido. Algo huele mal en este “nuevo Ecuador” de la familia Noboa. (O)




