En el año de 1955 el Gobierno Nacional declaró formalmente el día 26 de septiembre como el: “Día de la Bandera del Ecuador”. En este contexto, debemos todos realzar el día de este símbolo patrio, accionar que ni todas las entidades del Gobierno lo realizan, máximo que recuerdan a la “TRI” como orgullo nacional, aunque estamos de capa caída. Empero. ahora que estamos a las puertas de las elecciones seccionales, ya casi nadie se acuerda de este símbolo patrio, al contrario, y, sobre todo, los políticos andan buscada bandera que le cobije.
A propósito, las banderas quedan a un lado, cuando existen partidos y/o movimientos políticos que perdieron ser como tales, en función de que no cumplieron con los requisitos del Consejo Nacional Electoral. Unos, porque los que constaban como sus afiliados emigraron a otros lares, percibiendo que no se podría cumplir con sus aspiraciones, ya sea de ser candidatos, o que le pondrían de suplentes de los suplentes; porque les dieron la “patada” los más atrincherados o semi dueños de los partidos o movimientos; porque no se consiguió los “carguitos” a los que aspiraban; porque apareció uno que es más fuerte que los antiguos; porque los ilusionan que con nueva bandera política van a tener puesto asegurado y hasta los familiares; porque las encuestas orientan hacia una bandera triunfadora; porque sus tíos o primos están enmarcados con el gobierno que las tiene de ganar; porque es ahora o nunca necesario pegar la bandera del partido, casi que ganador, en su puerta u ondeándose en el balcón, y, lo que es más frecuente la “costumbre” de muchos ciudadanos de cambiar de bandera, como fuera de pantalón, en cada elección, porque predominan las conveniencias y sobre manera los “cándidos” que se dejan engatusar del cambio de bandera por un plato de arvejas. Hay de todo en este tercer mundista Ecuador, y capaz, que me faltan más, ya que el que está leyendo tendrá otra razón para cambiar de bandera política.
Se debe respetar la bandera porque no deja ser un símbolo, cuanto más de la patria, que lo acabamos de recordar, siempre teniendo presente nuestra nacionalidad, aunque, algunos viajan lejos y lo cambian incluso jurando la bandera de otro país. Así está el mundo, ojalá no nos salpique a nosotros. (O)





