Crecí bañándome en sus aguas, bebiéndolas incluso, cavando hoyitos en sus recovecos llenos de arena, saltando sobre sus piedras, escuchando el paso de los carros escondido bajo sus puentes de madera y de calicanto de aquellos ríos, los ríos del pueblo donde nací. El Naranjos se abraza con el Chantaco. Los dos con el Rircay. …











