No son Punch, pero también crecen sin madre: dos monitos rescatados del tráfico ilegal viven en Bioparque Amaru

Un mono araña y un mono capuchino, víctimas del tráfico ilegal, encontraron compañía mutua en el Bioparque Amaru tras quedar huérfanos por la intervención humana. Cortesía

La historia de Punch, el monito japonés que se volvió viral tras ser rechazado por su madre, mostró al mundo la vulnerabilidad de una cría sin protección.

En el Bioparque Amaru, en cambio, la ausencia tiene otro origen. Un monito araña y un mono capuchino también crecieron sin sus madres, pero no porque ellas los abandonaron, sino porque el tráfico ilegal de fauna los arrancó de la selva.

El mono araña fue rescatado en Gualaceo. El capuchino llegó desde Taisha, con una fractura en su pequeña mano.

No se conocían, no pertenecen a la misma especie y en condiciones naturales nunca habrían compartido territorio.

Sin embargo, ambos quedaron sin madre tras la intervención humana. Cuando ingresaron al Bioparque Amaru eran crías vulnerables.

El mono araña, herbívoro, y el capuchino, omnívoro, no compartían más que el desconcierto.

Durante la rehabilitación se encontraron y comenzaron a interactuar. Sin referencias maternas, desarrollaron un vínculo que hoy los mantiene juntos.

Rescate

Ernesto Arbeláez, director ejecutivo y de Conservación del Bioparque Amaru, asegura que los casos de animales huérfanos son más comunes de lo que se cree.

«Hoy el caso de este monito se hizo viral, pero todos los días recibimos guacamayos, loros, ardillas y monos que necesitan una segunda oportunidad. Es un trabajo constante y delicado”, indicó.

«Muchos visitantes no ven lo que ocurre en el hospital del bioparque Amaru, donde recibimos animales en crisis y los ayudamos a sobrevivir«, agregó.

Tráfico ilegal

La situación de estos dos primates no es aislada. Entre el 30 % y el 40 % de los animales que llegan al bioparque Amaru provienen del tráfico ilegal, mientras que el resto ingresa por heridas, pérdida de hábitat o conflictos con humanos.

Solo en 2025, el centro recibió alrededor de 380 animales, más de uno por día en promedio. Muchos llegan en estado crítico y no sobreviven.

De los que logran recuperarse, apenas un 20 % puede regresar a la naturaleza. El resto permanece bajo cuidado humano permanente, debido a secuelas físicas o conductuales que les impiden sobrevivir en su entorno original.

“La expansión de la frontera agrícola y las interacciones negativas con las personas hacen que los animales pierdan su hábitat y terminen en manos humanas”, explicó Arbeláez.

7.000 animales rescatados

Las cifras evidencian la magnitud del problema. Según un censo realizado en 2020, se decomisaron más de 7.000 animales silvestres en el país, entre Policía y Ministerio de Ambiente.

“Son cifras alarmantes. Son 7.000 seres vivos que cumplen funciones ecológicas y los han extraído de su hábitat natural”, afirmó el director ejecutivo del Bioparque Amaru.

Sin embargo, expertos calculan que esa cifra representa una parte de la extracción. En promedio, las autoridades rescatan solo uno o dos de cada diez animales traficados.

Para Arbeláez, enfrentar esta situación requiere atención estatal. “Necesitamos recursos para atender a esta fauna vulnerada. Los procesos de rehabilitación son largos, complejos y costosos. Sin apoyo suficiente, es difícil enfrentar una realidad que sigue creciendo”, señaló. (I)

Más noticias:

Cuenca: Cabildo convoca a plantón para pedir el archivo de Ley minera

Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.