Baja tolerancia y estrés: Expertos explican por qué los conflictos pueden escalar a violencia física y cómo evitarlo

La psicología apunta a la importancia de la educación emocional y la pausa antes de reaccionar. La agresión suele ser la fase final de tensiones que no se procesaron a tiempo. Imagen IA

En las últimas semanas, se han reportado hechos ocurridos en distintos puntos de la ciudad que terminaron en agresiones físicas y, en dos casos, en la muerte de personas involucradas.

  • El 15 de abril de 2026, un operativo de la EMOV en las avenidas Américas y Primero de Mayo terminó con la detención de un taxista. La entidad informó que un agente de tránsito fue agredido durante el procedimiento, por lo que hizo uso de la fuerza. El conductor habría desobedecido una orden de detención, intentó huir y, al ser interceptado, se produjo la agresión contra el funcionario, quien recibió atención médica y el caso pasó a la Policía Nacional.
  • El 17 de abril, se conoció que una docente denunció que fue golpeada dentro de su lugar de trabajo por la madre de un estudiante. Según su testimonio, el hecho ocurrió luego de informar sobre el incumplimiento de tareas del alumno, cuando la mujer ingresó a la institución y la golpeó frente a estudiantes y docentes. La Junta Cantonal de Protección de Derechos emitió una boleta de auxilio.
  • El 18 de abril, un taxista de 61 años murió en la avenida De las Américas. Cámaras de seguridad registraron un altercado entre el conductor del taxi y un vehículo particular, cuyo conductor presuntamente lo arrolló tras el incidente.

En registros de meses anteriores aparecen episodios similares.

  • El 17 de febrero, un hombre de 43 años murió tras una golpiza propinada por vecinos luego de un presunto atropello de una mascota en el sector de Quinta Chica. “Reaccionaron de forma agresiva y desproporcionada”, comentó entonces el comandante de la Subzona de Policía de Azuay, Ángel Esquivel.
  • El 11 de diciembre de 2025, un pasajero y un conductor de bus urbano se agredieron físicamente luego de un desacuerdo por una parada no autorizada. El pasajero atacó al chofer con una correa y el conductor respondió con un bate.

Conflictos

Son hechos distintos, ocurridos en espacios y circunstancias diversas, pero con un elemento en común: conflictos cotidianos que escalan hasta la violencia física.

Esto plantea la pregunta sobre cómo interpretar estos episodios. Especialistas explican algunos factores que pueden estar detrás de este fenómeno.

Para el sociólogo David Barzallo, estos números y casos no necesariamente indican que la sociedad sea hoy más violenta en términos históricos.

“Las formas violentas de resolver conflictos han estado presentes desde antes; lo que ha cambiado es el proceso de regulación social”, explica.

A su criterio, la convivencia ha mejorado con el desarrollo de instituciones y acuerdos sociales que buscan canalizar los conflictos sin recurrir a la fuerza. Sin embargo, advierte que cuando esos mecanismos se debilitan o pierden legitimidad, reaparecen respuestas más agresivas.

Barzallo sitúa el problema en varios niveles. Por un lado, menciona el funcionamiento de las instituciones y la cultura democrática: cuando hay reglas claras y confianza en ellas, la violencia tiende a disminuir.

Por otro, apunta a un fenómeno cultural más reciente: la exposición constante a hechos violentos a través de redes sociales que se presentan como contenido.

“Cuando ocurren hechos violentos —como atropellamientos, accidentes, violencia intrafamiliar o femicidios—, se viralizan desde la espectacularización. La gente, en lugar de contrariarse, termina acostumbrándose y naturalizándolos”.

También, advierte que la forma en que actúan y se comunican las autoridades —es decir, la gestión política desde el Estado y sus representantes— influye en la convivencia social.

Cuando predomina la confrontación, los insultos o la descalificación, se fomenta una sociedad más polarizada y con mayor tendencia a resolver conflictos de forma violenta.

Tensión acumulada

Ana Murillo, psicóloga clínica, observa una dimensión complementaria.

“No son hechos aislados, reflejan una sociedad con altos niveles de estrés, tensión acumulada y dificultades para regular emociones”, sostiene.

En su experiencia, muchas reacciones agresivas no se explican solo por el detonante inmediato, sino por cargas emocionales previas que no han sido procesadas.

Un incidente menor puede convertirse en un episodio grave cuando se combina con irritabilidad, cansancio o frustración acumulada.

“Hay una baja tolerancia a la frustración. Se interpreta cualquier desacuerdo como un ataque personal y se responde de forma desproporcionada”, explica Murillo.

La agresión a la docente introduce otro elemento: la relación con la autoridad. Para la especialista, estos episodios muestran una ruptura en el respeto hacia espacios que tradicionalmente estaban protegidos.

También advierte sobre un aprendizaje social de la violencia, especialmente en niños y adolescentes expuestos de forma constante a contenidos agresivos.

Las redes sociales, en este contexto, amplifican los hechos y moldean formas de interacción.

La inmediatez y los comentarios impulsivos influyen en la manera en que se perciben y se responden los conflictos.

“Se pierde la pausa, la reflexión, la empatía”, resume Murillo.

La especialista atribuye la falta de empatía al contexto de inestabilidad social, política y mundial, así como a la exposición constante a contenidos violentos en redes sociales.

Estos factores generan estrés, tensión emocional y una menor tolerancia a la frustración, lo que lleva a que las personas reaccionen de forma más impulsiva y con menos consideración hacia los demás.

Consejos básicos ante la frustración y el estrés

  • Pausa antes de reaccionar: detente unos segundos y respira profundo para evitar impulsos.
  • Identifica la emoción: reconoce si es enojo, estrés o frustración antes de actuar.
  • Tolera el “no”: aceptar límites y desacuerdos ayuda a reducir reacciones agresivas.
  • Expresa sin violencia: comunica lo que sientes de forma calmada y asertiva.
  • Cuida tus vínculos: mantener relaciones sociales sanas ayuda a manejar mejor el estrés.
  • Reconoce señales de alerta: como respiración agitada o tensión corporal.
  • Pide ayuda si es necesario: hablar con un profesional puede prevenir problemas mayores.

“La frustración no se elimina, se aprende a manejar mediante el autocontrol, el apoyo social y la educación emocional”, señaló la psicóloga clínica. (I)

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Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.