Intensas lluvias y desbordamientos de ríos han provocado una grave emergencia en la zona costanera de Molleturo, en Cuenca, en Azuay, un territorio que limita con Guayas y El Oro.
Las crecientes registradas entre la noche del 9 y la madrugada del 10 de marzo, y la ocurrida el domingo 7 de junio, destruyeron puentes, caminos, viviendas, potreros y cultivos. Dejaron a comunidades enteras prácticamente aisladas.
En esta zona del Azuay, donde las montañas comienzan a descender hacia la Costa, decenas de poblados sobreviven gracias a la agricultura y la ganadería. Hoy, esa riqueza natural convive con el temor permanente a nuevas lluvias.
Árboles cargados de fruta, sembríos de cacao y café, extensiones de yuca y potreros con ganado, cerdos y búfalos forman parte de su paisaje. Es una de las áreas más productivas de la provincia, pero también una de las más golpeadas.
Los habitantes aseguraron que nunca habían visto crecientes de semejante magnitud. Los ríos Aguacate, Chaucha, Balao y Pijilí incrementaron su caudal a niveles sin precedentes.

Puente
El puente que conectaba San José del Recreo con El Carmen de Pijilí, en Camilo Ponce Enríquez, desapareció. La estructura, construida hace aproximadamente cuatro décadas, terminó reducida a escombros por la fuerza del agua.
Holter Pesántez, concejal rural de Camilo Ponce Enríquez, confirmó que el invierno provocó el colapso del puente que unía ese cantón con Molleturo y también destruyó otro paso carrozable y un puente peatonal.
Según el edil, esta situación dejó a numerosas comunidades sin conexión terrestre. Para movilizarse, estudiantes, adultos mayores y trabajadores dependen ahora de improvisadas tarabitas instaladas por los propios moradores.
A diario, por ejemplo, niños cruzan suspendidos sobre el río para asistir a clases mientras sus padres observan con angustia cada recorrido. Un descuido o una nueva creciente podría desencadenar una tragedia.

Pesántez explicó que el Municipio de Camilo Ponce Enríquez ha destinado maquinaria para encauzar el río Pijilí y reducir riesgos inmediatos, aunque insiste en que la solución definitiva pasa por la reconstrucción urgente de los puentes.
El concejal indicó que han solicitado a la Prefectura del Azuay la construcción de dos nuevos pasos. Recordó que ahora los habitantes deben recorrer entre una hora y una hora y media por rutas alternas para salir del sector.
San José de El Recreo
Luis Landívar, poblador de San José de El Recreo, en Molleturo, recordó que la noche del 10 de marzo el río alcanzó un nivel nunca antes visto. En cuestión de minutos el puente desapareció y con él la conexión directa con El Carmen de Pijilí.
La pérdida también golpeó el bolsillo de las familias. Si antes contratar una camioneta costaba alrededor de 10 dólares, ahora el mismo recorrido puede llegar a 40 debido a la necesidad de utilizar trayectos mucho más largos.
El domingo 7 de junio la situación volvió a agravarse. Una nueva creciente destruyó los trabajos que buscaban recuperar la conectividad y arrasó con varios puentes peatonales.

Comunidades como Calderón, San José del Recreo, Bella María, Hermano Miguel, San José, La Gloria, Liberia, Aguacate y Tres Marías enfrentan dificultades para movilizar personas, transportar alimentos y sacar su producción agrícola.
Antes, llegar hasta El Carmen de Pijilí tomaba apenas 15 minutos. Ahora el trayecto puede extenderse por más de una hora y media debido a los desvíos improvisados y al deterioro de las vías que aún permanecen habilitadas.
La Iberia
Freddy Pacheco, de La Iberia, explicó que la vía Chaucha-La Iberia también resultó afectada. Esta es una alternativa para conectar Cuenca con Guayas cuando la vía Cuenca – Molleturo – El Empalme presenta inconvenientes.
Actualmente, señaló, varias comunidades permanecen prácticamente incomunicadas y para avanzar es necesario cruzar dos veces el río Baboso por una variante temporal, ya que no hay un puente que garantice un paso seguro.

Pacheco calcula que unas 500 familias, equivalentes a cerca de 2.000 personas, sufren las consecuencias directas de esta emergencia. Muchas dependen de la venta de ganado, cerdos, cacao, maíz, naranja, mandarina y otros productos.
La imposibilidad de transportar esa producción amenaza la economía local, pues los agricultores observan cómo las cosechas esperan compradores mientras los costos de movilización reducen cada vez más sus ingresos.
Familia
El drama también tiene rostro humano. Mesías Minchala relató que el desbordamiento destruyó su vivienda y arrastró animales, gallinas y gran parte de su terreno, obligándolo a huir junto con su familia.
Hoy vive en la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de La Liberia con su esposa y sus cuatro hijos, de 4, 9, 15 y 18 años. Explicó que duermen sobre el piso porque perdieron prácticamente todas sus pertenencias durante la emergencia.
Sus hermanos tampoco escaparon al desastre. Varias viviendas fueron destruidas y para cruzar el río ahora utilizan una estructura improvisada hecha con tablas y troncos que consideran extremadamente peligrosa.
El impacto alcanza incluso a quienes apostaban por el turismo. Germán Pozo invirtió sus ahorros en el emprendimiento Las Aguas del Don Pozo, pero la creciente destruyó piscinas e infraestructura levantadas con años de esfuerzo.
Elsa Isabel Fajardo también perdió su patrimonio. Además de los daños materiales, denuncia que en sectores como El Aguacate no hay servicios básicos como agua potable ni energía eléctrica, agravando aún más las condiciones de vida.
Autoridades
Cristóbal Chuñir, asesor del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Molleturo, pidió la intervención urgente del Gobierno Nacional, la Prefectura del Azuay y el Municipio de Cuenca.

“Si es que no nos dan una respuesta ante esta emergencia y no vienen a atender, pues organizaremos una movilización para ir a exigirles a las autoridades que cumplan con sus obligaciones…”, manifestó.
Por su parte, Hernán Valencia, vocal del GAD de Chaucha, reconoció el trabajo hecho por instituciones como la Prefectura de Azuay y las mingas comunitarias, pero insistió en que la magnitud del desastre exige mayores recursos.
Mientras las nubes vuelven a cubrir el cielo y la temporada lluviosa aún no termina, los habitantes observan con preocupación el comportamiento de los ríos. Saben que una nueva creciente podría profundizar aún más el aislamiento que hoy enfrenta esta zona del Azuay.
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