La cerámica modelada a mano, los tejidos que conservan técnicas ancestrales, las piezas de madera tallada, la orfebrería, el trabajo con vidrio y las creaciones que transforman materiales descartados en objetos artísticos reflejan la creatividad que caracteriza al XXIV Festival de Artesanías de América.
Un total de 175 artesanos de 13 países participan en esta edición, cada uno con conocimientos, procedimientos y expresiones vinculados a sus lugares de origen.
Gabriela Vázquez, directora del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP), indicó que la cita se desarrolla del 31 de octubre al 3 de noviembre, con Perú como País de Honor y la incorporación de nuevos participantes de Corea, Alemania y España.
“Los visitantes podrán conversar con los maestros artesanos de los 13 países participantes y conocer el trabajo de representantes de todas las provincias del Ecuador, incluida Galápagos. Esta edición 2026 es de las cuatro regiones del país”, aseguró.
El encuentro distribuye sus espacios en el Paseo 3 de Noviembre y el parqueadero del CIDAP, donde funciona el pabellón internacional.
Las áreas exteriores acogen el pabellón nacional y el educativo.
El horario del festival es de 10:00 a 20:00. La programación incluye rueda de negocios, patrimonio vivo y presentaciones artísticas y teatrales.
Legado de generación en generación
En los puestos, las historias familiares ayudan a entender el origen de muchos objetos.
Irma Quirumbay, artesana de Santa Elena, trabaja la paja toquilla para elaborar individuales, carteras, monederos, llaveros, lámparas y artículos decorativos que combinan distintas fibras.
“Aprendí este oficio de mi madre y de mis abuelos. En mi familia, el tejido de paja toquilla es una herencia que continúa conmigo que soy la quinta generación de artesanas”, expresó.
Los artículos cuestan desde 3 dólares; las carteras se venden entre 10 y 15 dólares y las lámparas llegan a los 30. Selenita Pozo, de la comunidad de Barcelona de Santa Elena, lleva 36 años tejiendo; Olivia Pozo, de Río Seco, suma 25 años de trabajo artesanal con fibras vegetales.
La madera tiene otra expresión en las máscaras de Moisés Toaquiza, procedente de la comunidad de Tigua, en Cotopaxi.
Su familia lleva tres generaciones elaborando y pintando figuras vinculadas con las fiestas populares y los personajes de la cultura andina.
Entre ellas están el Aya Uma, los diablos de Píllaro, la Mama Negra, además, representaciones de animales de distintas regiones del país.
“Una máscara de entre 25 y 30 centímetros puede tomar uno o dos días de trabajo. Cada pieza tiene un acabado diferente en la labor artesanal”, explicó.
Sus trabajos cuestan desde 5 dólares y pueden alcanzar los 250 dólares, de acuerdo con el tamaño y la elaboración.
Muestras artesanales
También hay espacio para quienes incorporan materiales recuperados a la producción artesanal.
Rolando Matute construye esculturas con piezas metálicas que recoge en las calles o recibe de personas que conocen su trabajo. Lleva tres años dedicado a esta actividad y participa por tercera ocasión en el festival.
“Mientras más difícil es una pieza, más me interesa resolverla. La satisfacción está en terminar una obra y que el cliente quede conforme”, señala.
Sus creaciones cuestan desde 20 dólares y algunas esculturas requieren hasta un mes de trabajo.
El Festival de Artesanías de América nació en 2003, organizado por el CIDAP durante las fiestas de Independencia de Cuenca.
Los visitantes pueden recorrer y conocer a quién elabora cada objeto, de dónde procede la técnica y cuánto trabajo requiere.
Para los artesanos, representa la posibilidad de vender directamente, establecer contactos y encontrar compradores para creaciones que difícilmente se producen en serie. (PNH)-(I)
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