Con el crecimiento urbano y poblacional de la ciudad, igual con el del transporte provincial, interprovincial e intraprovincial, más el de taxis, la actual terminal terrestre de Cuenca, desde hacía varios años que fue rebasada.
Urgía una nueva infraestructura. No una, sino dos; al norte y al sur.
La actual administración municipal construye la del sur. Estaría operativa desde diciembre próximo. Albergará, dice, al 30 % del transporte que actualmente llega a la ubicada en la avenida España. Digamos que a las empresas cuyos permisos cubren las provincias de El Oro y Loja, más la zona occidental y suroccidental del Azuay.
Nadie duda de su utilidad. Además se construye en predios municipales. Esto facilita su ejecución, lo que no es igual a cuando se debe expropiar terrenos de particulares.
No se trata de abonar con peros. Pero, mientras se construye la obra, sería necesario que la administración diseñe, informe, sobre el plan de movilidad previsto para la zona, por ahora, y desde hacía cuantos años, prácticamente colapsada por el alto tránsito de automotores, uno de los “embudos vehiculares” más grandes de Cuenca.
Para la construcción, se habrá tomado muy en cuenta este problema. Se sobreentiende que los buses que harán de la nueva terminal su centro de operaciones, necesariamente entrarán y saldrán por la Panamericana Sur, volviéndola más caótica.
Y pensar que crecerá la circulación de taxis, de carros particulares, sin descartar el funcionamiento de restaurantes, hostales, comercios y, cuando no, de ventas informales.
Se informa que el Concejo Cantonal aprobará un plan especial de uso del suelo en el sector cuyo ritmo de vida cambiará de manera drástica.
Como se verá, no son aspectos irrelevantes. Al contrario, deben ser debatidos.
La obra, ojalá así resulte, obligará a reemprender el proyecto de construir el nuevo acceso sur de la Panamericana, además de que son complementarios.







