La expresión popular: “a perro flaco se le cargan todas las pulgas” es aplicable a la vía Cuenca-Girón-Pasaje.
En los últimos diez años, quizás más, la reactivación de fallas geológicas, el aparecimiento de otras, los deslizamientos casi que constantes, la destrucción de la capa de rodadura, la falta total de mantenimiento, el bloqueo de cunetas y atarjeas, se han ido sumando hasta convertirla en una de las más intransitables del país.
Por si eso fuera poco, en la más abandonada, si bien con ofrecimientos que han ido desde su rehabilitación total hasta “remiendos”, algunos realizados pero que no han durado.
Todos ellos matizados con la cantaleta de que se contratan estudios para reconstruirla. Meses atrás, el gobierno anunció que ya están listos y que a finales de 2026 se contratarían los trabajos definitivos. Contamos los meses que faltan.
Tal si fuera un maleficio, en los kilómetros 50 (entrada a Pichanillas) y 90 (sector Pachamamac, ocurrieron macro deslizamientos que taponaron largos tramos de la vía, uno de cuyos carriles colapsó por completo. ¿La causa? Las intensas lluvias.
Serán dos meses o más que el paso vehicular está restringido, en especial para el transporte pesado y el de pasajeros.
En el kilómetro 90 los deslizamientos no paran; y en el 50 los trabajos contratados avanzan, se supone, según el cronograma establecido.
Las consecuencias son letales: la actividad comercial casi en cero. Languidecen los negocios. El turismo, a medias. El tiempo de recorrido entre Cuenca y Machala es más, como también lo es el valor de los pasajes.
La paciencia ciudadana está por explotar. Urge que los contratistas, si les es posible, aceleren los trabajos. Causa desazón ver que apenas dos máquinas operen en el 90, “dos puntitos” en medio de semejante desmoronamiento de piedras y lodo.
¿Algún día se vera una vía expedita, digna de decir que pertenece a la red estatal?









