Una democracia no se mide únicamente por la celebración periódica de elecciones. Su calidad depende también de la existencia de un espacio público abierto, en el que puedan circular posiciones distintas, incluso aquellas que incomodan a gobiernos, organizaciones políticas, grupos económicos o cualquier otro actor de poder. La pluralidad informativa permite entregar a los ciudadanos mayores elementos para formar su propio criterio.
Ecuador ha registrado en los últimos años episodios que evidencian las dificultades que enfrenta el ejercicio periodístico: comunicadores que han salido del país por amenazas, controversias en torno a decisiones estatales que afectan a periodistas y cambios dentro de medios de comunicación que han reducido o modificado espacios de opinión, el más reciente el del columnista Roberto Aguilar. En conjunto estas decisiones obligan a preguntarse por las condiciones en las que se está desarrollando la deliberación democrática en Ecuador.
La preocupación adquiere mayor relevancia durante una campaña electoral. Es precisamente entonces cuando candidatos, autoridades y organizaciones deben someterse a un mayor escrutinio y cuando la sociedad necesita más información, no menos. Proteger la independencia periodística y la pluralidad de opiniones no significa defender una determinada voz o posición ideológica: significa preservar las condiciones indispensables para unas elecciones íntegras y una democracia de calidad con libertad de expresión.









