El presidente de la República, Daniel Noboa, no vendrá a Cuenca el 3 de noviembre próximo para homenajearla con motivo de conmemorar sus 206 años de independencia.
Así lo confirmó la alcaldesa subrogante, Marisol Peñaloza, cuya invitación la cursó al primer mandatario como a otros miembros del gobierno.
Según la Secretaría de la Presidencia, Noboa, en esa fecha cívica de Cuenca, estará fuera del país; pero estará representado por un delegado.
Pocos, en verdad muy pocos presidentes, aun estando en la cresta de su poca aceptación ciudadana, no dejaron de venir a la ciudad para asistir a la sesión solemne organizada por el Concejo Cantonal para rendirla homenaje.
Noboa tendrá sus razones de fondo para haber tomado tal decisión, si bien en 2025 tampoco asistió a este acto. Llegó sí, pero para cumplir otras actividades.
Ante el anuncio, las redes sociales dejaron traslucir la más vario pinta reacción ciudadana, y que el gobierno estará tomando nota, incluso de cara a las próximas elecciones.
No es que la visita de un presidente de la República a una ciudad que conmemora su aniversario de independencia, no importa si es Cuenca u otra, constituya un halago preferencial o el centro mismo de la celebración.
Al contrario, dice mucho del respeto, estima, y reconocimiento de la incidencia que en el contexto nacional tiene una urbe, en este particular, Cuenca, tan admirada y tomada como referente en el Ecuador.
La inasistencia de Noboa no opacará el espíritu cívico de los cuencanos; tampoco la calidad de los actos programados por el Municipio, ni será motivo para no festejarla como se la merece.
En días anteriores, el presidente fue objeto de rechazo por parte de un grupo de estudiantes universitarios cuando ingresó sus predios, lo que devino en represión.
Pero, en esos momentos de turbulencia política es cuando sale a flote la entereza de un gobernante para no dejarse superar por prejuicios y resentimientos. AFP








